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miércoles, 12 de junio de 2013

Charla de Juan Sasturain

Feria del Libro 

                                                                                   Fotografía: Dennis Andresco 




Se trató sobre el proceso de escritura. Se comentó sobre la última novela que escribe. Destacó que muchos escritores publican policiales en Argentina.


Por Guillermo Anderson

El escritor, periodista, guionista y conductor televisivo Juan Sasturain brindó una charla sobre literatura en el marco de la Primera Feria del Libro en la ciudad de La Plata  Tinta Roja Policiales estuvo ahí para cubrir este evento.
Durante su exposición sin tema pautado Sasturain fue contando en qué consistía  la novela que está escribiendo en este momento, ambientada en Mar del Plata en la década del Cincuenta, leyó algunos fragmentos del libro, fue intercalando con reflexiones sobre lectura, escritura  y géneros que aborda en sus libros.
El escritor hizo referencia a la diferencia entre escribir y publicar que según el son dos cosas diferentes  muchas veces conectadas  y a su vez diría que: “Para los escritores los que les interesa es escribir no hay algo más hermoso y poderoso que terminar un texto”.
El periodista utilizó la metáfora del atletismo planteando la analogía con la escritura “Escribir un cuento o una nota periodística (contratapa de Página 12 de los lunes) es como una carrera de cien metros, mientras que escribir una novela es como una maratón no sólo hay que tener aptitud para hacerla sino que ocupa un pedazo de tu vida, que convivís con un montón de situaciones, personajes  en tu cabeza”.
En cuanto a la creación de sus novelas policiales del detective Etchenike  Manual de Perdedores, Arena en los zapatos y Pagaría por no verte. Sasturain comentó que mientras escribía “Arena en los zapatos”  le sucedió que: “iba por la página cien, no sabia muy bien que iba a pasar, que tenia un muerto y no sabia quién lo había matado. En una novela policial se tiene que cerrar todo, no se puede hacer trampa con el lector, hay que explicar”.
Para ampliar esta idea citó una anécdota de Raymond Chandler de cuando se estaba haciendo el guión de “El Sueño eterno”  y que apareció un muerto en la piscina y lo llaman a Chandler para preguntarle, entonces el escritor norteamericano  les contesto que no tenia la menor idea.

El guionista diría que los  libros  surgen principalmente de situaciones y que después se va desplegando, que algunas novelas del detective Marlowe de Raymond Chandler  “son argumentos incontables, puro sentimiento y situación”.
Otro de los disparadores, que para el autor argentino son el punto de partida para  escribir una novela, son además de las situaciones, los títulos. Ejemplificó con Pagaría por no verte frase que surge de una letra del tango de Celedonio Flores y que “debajo de eso había que escribir una novela que justificara ese titulo”. Otro de los títulos que a Sasturaín siempre le gustaron fue “Los espías no tosen”, pero según él, no es un titulo para una novela, pero  es lo que le sucede a su detective  Etchenike, un personaje investiga y espía  pero que un momento tose porque quiere hacer notar su presencia.
En el caso de Manual de perdedores  sabía que se llamara así porque: “Me encantaba el titulo porque tiene que ver con una resistencia a los criterios de triunfo de la sociedad plagada de desigualdades, perder con método y a la altura de los ideales”.
En la construcción de sus personajes de héroe el escritor diría que está presente la influencia literaria de  Jorge Luis Borges y Héctor Germán Oesterheild: “El personaje se va a enterar sobre si mismo a través de la acción, puesto  en situación de aventura  se reconocerá  y eso aparece bastante seguido”.

TR ¿Cuando pasa mucho tiempo en el proceso de escritura, cómo es identificarse a uno mismo?

JS- Cuando un texto atraviesa muchas etapas de tu vida, es difícil escribir, se reescribe todo el tiempo. En mi caso escribo de manera lineal, de principio a fin, a veces va cambiando las voces, toda la novela no esta contada en una misma voz. Ese es el desafío y a veces dificultad de encontrar un equilibrio, por eso digo que la novela es un laburo sumamente complejo.
La realidad te va modificando continuamente a vos como persona, como narrador. Un ejemplo es (Arthur) Conan Doyle empezó a escribir las primeras aventuras  de Sherlock Holmes a fines del Siglo XIX y las ultimas fueron escritas a comienzo de la década del treinta del Siglo XX. Las primeras aventuras de Sherlock Holmes  coincidían con ese Londres oscuro, donde se andaba a caballo, y en las últimas historias ese contexto ya no existía más.

TR ¿Forma parte de una generación de escritores en Argentina?

JS- Cada uno de nosotros tiene su personalidad, pero compartimos algunas cosas (experiencias, lecturas, edad) que en nuestra escritura se nota. Los que nacimos más o menos en la década del cuarenta, (Ricardo) Piglia, (Guillermo) Sacomanno, (Osvaldo) Soriano, (José Pablo) Feynman Mempo Giardinelli, Vicente Battista, tenemos experiencias similares de vida, todos por ejemplo pasamos por el genero policial a la Yanqui, somos lectores marcados por la extraordinaria literatura norteamericana del siglo XX.
Cuando empezamos a escribir entre los sesenta y setenta el policial negro nos servia como una especie de realismo autentico que nos servia para contar las cosas que pasaban en nuestra sociedad.

TR ¿Cree que con los festivales Azabache y BAN! (Buenos Aires Negra), ha tenido mayor presencia el genero policial en Argentina?

JS- Esos festivales son síntomas de algo que ya existe, porque hay muchos escritores que escriben policiales y se publica mucho, inclusive muchas novelas, relatos que tienen elementos policiales importantes.
Lo que más se detecta es pequeñas editoriales publicando policiales.

TR ¿Cómo en el caso de la Colección Negro Absoluto que usted dirige?
JS- Si. Seguimos trabajando en Negro Absoluto, ahora salieron cinco novelas nuevas. La tercera de Ricardo Romero, la segunda de María Inés Krimer, se tiene que distribuir la segunda de Federico Levín. Hay un gran movimiento de pequeñas editoriales.
El periodo de oro del policial correspondió a la época del cuarenta y cincuenta, en que las grandes editoriales tenían una colección dedicada al policial que tenia autores internacionales tales como Rastros, Séptimo Circulo, El Club del misterio, eso ha desaparecido. Pero el policial esta muy presente, por ejemplo en la televisión con series e inclusive un canal dedicado a eso.




                                                                                    Fotografía: Dennis Andresco


viernes, 18 de enero de 2013

“El relato policial dice mucho sobre la organización social que lo produce”


Sociedad|Martes, 15 de enero de 2013

Entrevista A Lila Caimari, historiadora e investigadora del Conicet

La relación que teje el periodismo con la policía, en los primeros años del siglo pasado, es clave para la construcción de discursos sobre el delito que, con variantes, persisten hasta hoy, sostiene la entrevistada.


Por Leonardo Castillo



Analizar cómo una sociedad construye los relatos sobre la delincuencia en un período determinado es el tema de investigación que abordó la historiadora Lila Caimari en tres libros de su autoría: Apenas un delincuente, La ciudad y el crimen y Mientras la ciudad duerme, su último trabajo, en el que indaga sobre las relaciones que traban los periodistas y policías en los años ’30, y que resultarán determinantes para las versiones sobre “los bajos fondos” que comenzarán a difundirse en la prensa comercial de esos años. Es la época en la que aparecen los pistoleros motorizados, los matones al servicio de los políticos parroquiales y cuando las “fuerzas del orden” establecen la noción territorial que separa a la Capital del conurbano. “Es un tiempo de fuerte conflictividad social y política, y los sumarios policiales comienzan a ser redactados con una jerga eufemística que opera como un fuerte legitimador del comportamiento represivo de la institución”, explica esta académica nacida en Río Negro y graduada en la Universidad de La Plata, doctorada en el Instituto de Estudios Políticos de París e investigadora del Conicet, que además se desempeña como docente de Posgrado en la Universidad de San Andrés. “El trabajo de la policía dice mucho sobre una organización social”, señala Caimari.
–En Mientras la ciudad duerme, analiza la evolución del delito y cómo lo refleja el relato policial y el periodístico en los años ’30. ¿Por qué le interesó ese período?
–Es un recorte que se impuso de forma prácticamente inesperada. Venía de investigar durante años una serie de problemas referidos a la cuestión criminal y el surgimiento de las teorías positivistas vinculadas con su tratamiento, sobre todo en el tema carcelario y penal. Me interesaba cómo ese tema era tratado por el periodismo comercial que emergía a finales del siglo XIX y principios del XX. Es en ese período que surge la problemática del inmigrante como un sujeto “peligroso” en el marco de crecientes núcleos urbanos. Es el tiempo del lombrosianismo y de concepciones similares que buscan en la historia personal del delincuente las razones que lo llevaban a quebrantar la ley. Analizando las incipientes secciones policiales de los diarios de la época, se encontraba mucho material que permitía un abordaje a esta problemática, aunque se hiciera desde una perspectiva folletinesca. Con eso, trabajé sobre el entrecruzamiento que se daba entre el delito, la ciencia y el relato de la prensa escrita. Ese fue el tópico que abordé en Apenas un delincuente, un libro mío que se publicó en 2004. Pero lo que empecé a notar cuando estaba terminando ese proyecto fue que en los años ’20 se produce un cambio en lo que es la figura dominante del delincuente que se representa en el imaginario colectivo. Aparece el pistolero motorizado, en desmedro del punga marginal de los suburbios. Ahí noté que había un proceso interesante que podía mostrar cómo se iban gestando cambios en la policía y en el trabajo de los periodistas que cubrían la información de los sucesos policiales. Y eso es lo que intenté reflejar en Mientras la ciudad duerme.
–¿Cómo cambia en esos años el relato de la prensa escrita en relación con el delito?
–En el relato de los medios aparece la noción de una ciudad de Buenos Aires como desbordada, invadida por gente que llegó de otros lugares y carece de una ocupación laboral estable. Se percibe la construcción de una alteridad social, algo de lo que hay que cuidarse. Paralelamente, en los ’30, hay una convergencia muy fuerte de fenómenos políticos y sociales que se tiñen de prácticas violentas. Es algo que está relacionado con la resistencia al golpe de José Félix Uriburu y los levantamientos radicales. Por otro lado, se registra un fuerte incremento de la violencia estatal. Hay persecuciones y ejecuciones que tienen como blanco a comunistas y anarquistas expropiadores. Este repertorio de la violencia se va ensanchando también hacia la política parroquial, donde aparecen personajes armados, guardaespaldas, matones, en fin, pistoleros regenteados por los caudillos locales. Ruggierito, un puntero al servicio del intendente de Avellaneda Alberto Barceló, es una figura emblemática de aquellos tiempos de política brava. Son las cuestiones que la prensa comienza a reflejar en las crónicas policiales, que ganan cada vez más espacio en las páginas de los diarios.
–¿La cobertura de los hechos policiales comienza a volverse sensacionalista?
–En realidad, la explotación del hecho policial por parte de la prensa es un fenómeno propio del periodismo comercial. Existió siempre. Hoy se critica que los medios les den tanta difusión a los delitos, pero en rigor, las cosas nunca fueron muy distintas. Es un fenómeno que se verifica no sólo en Buenos Aires, es algo común a las grandes urbes. Las historias y crónicas sobre el crimen se venden bien, y esto es algo que también pasaba en los años ’30.
–¿En esos años el delito comienza a ser entendido como una forma de ascender socialmente?
–La aparición de armas más sofisticadas, livianas y automáticas, juntamente con la irrupción del automóvil permiten la realización de golpes cada vez más espectaculares. El delito cambia, se pasa del punga al asaltante que actúa en banda. Emerge el pistolero motorizado. Son los tiempos de personajes emblemáticos como el Pibe Cabeza. Los asaltos se vuelven espectaculares y planificados. Es un proceso que pudo haber determinado que algunos sujetos pasaran del delito de poca monta a los grandes atracos. Desde ese punto de vista, se puede decir que hay en el delito una búsqueda de ascenso social, que además está reflejado en el cine de la época, sobre todo en las producciones de Hollywood.
–En este último libro, usted cuenta cómo en esos años se empieza a marcar también la oposición entre la Capital Federal y el Gran Buenos Aires en términos territoriales y culturales. ¿Por qué se produce ese fenómeno?
–Esa oposición entre ambos territorios está hoy muy naturalizada, pero no siempre existió y se inició como construcción en ese período. Tiene que ver con los cambios urbanos que se producen, fundamentalmente por la inmigración que proviene desde el interior del país, alentada por un proceso incipiente de industrialización, que luego, en la segunda mitad de los ’40, con el peronismo, va a cobrar mucha más fuerza. Pero la división entre la ciudad y el conurbano está originada en algo más concreto, y es un cambio en las prácticas policiales sobre el territorio que vigila. Recién en los ’30, la Policía de la Capital (el antecedente de la Federal) diseña un organigrama que le permite administrar su área de intervención. Se fijan límites, y lo que viene de afuera de la General Paz es concebido como un problema, algo que se debe vigilar, mantener a raya. En definitiva, este accionar de la policía termina filtrándose hacia el trabajo de los periodistas, que también comienzan a percibir el conurbano como algo externo.
–¿Y cómo se inserta aquí la figura del pistolero?
–Es una figura que termina siendo muy funcional a todo este proceso. Los pistoleros comienzan a ser descriptos como personajes que vienen desde afuera a la ciudad, desde los suburbios, y llegan para delinquir. En las crónicas comienza a subyacer la idea de que Buenos Aires es un sitio rodeado de zonas de baja legalidad. El conurbano es descripto en la prensa como una zona de anomia, de baja estatalidad, donde los efectivos de la policía bonaerense no responden a los mandos de La Plata sino a las lógicas de caja que imponen los caudillos locales, sobre todo en la zona de Avellaneda, Lanús y en la zona Norte. Son lugares cercanos a la Capital donde se instalan industrias y se registra un alto grado de conflictividad social, pero también se desarrollan circuitos del ocio, vinculados con la prostitución y el juego clandestino, que son muy concurridos por los porteños.
–¿Cambia entonces la noción territorial de los “bajos fondos”?
–Efectivamente, hasta entonces, el circuito de marginalidad ociosa se encontraba en el puerto de la ciudad. Pero a partir de los ’30, se corre hacia el conurbano. Es un proceso real, pero que también se va construyendo en la medida que la policía de la Capital comienza a mostrarse como más eficiente, profesional, en comparación con la ineficiencia de sus colegas bonaerenses. Y ésa es una construcción exitosa, que persiste hasta nuestros días, sobre todo por las grandes deficiencias históricas que siempre exhibió la Policía de la Provincia para organizarse y controlar su jurisdicción. La noción de la profesionalidad de la Federal se origina en ese período y es lo que intenté reflejar.
–¿La figura del vigilante de la esquina, como un agente estatal paternalista y amigo de los vecinos del barrio, también es algo que se origina en esa época?
–Es una figura asociada al crecimiento de los barrios porteños y al despliegue policial. Es un personaje despolitizado, horizontal, que se encontraba en permanente contacto con los vecinos, pero que ejercía una fuerte presencia territorial, al punto de conocer todo lo que pasaba en el barrio. Son tiempos de torturas, persecución y aplicación de la Ley de Residencia, que permitía la expulsión de los extranjeros que desarrollaban actividades políticas. Entonces, se utiliza al vigilante como una contrafigura con el propósito de crear mística en la tropa que se incorpora a la fuerza y edificar un puente de reconciliación con la sociedad.
–¿Cuáles son las otras estrategias de proximidad desarrolla la policía?
–Es interesante ver cómo la policía, en sus comunicaciones y sumarios, se va apropiando del lenguaje popular para generar empatía con la ciudadanía. Es una manera de minimizar el impacto de las denuncias de corrupción que son formuladas, fundamentalmente, desde el diario Crítica. Pero la relación que se establece entre el periodismo y la policía no siempre fue conflictiva. Es cierto que los vínculos varían en función de la ideología de cada medio, pero muchas veces se estableció un matrimonio por conveniencia que estimo que aún debe seguir vigente.
–¿Qué relación estableció con la policía el diario Crítica, que dirigía Natalio Botana?
–Es un diario que explotó como ningún otro la información policial. Era un sensacionalismo que muchas veces tenía un tinte carnavalesco. Las notas estaban acompañadas con historietas, fotonovelas y hasta elementos ficcionales. Crítica era el diario del pueblo y muchas veces, desde ese lugar encabezaba las denuncias contra la policía, que estaban a cargo de los varios escritores de izquierda que trabajaban en su redacción. Pero al analizar la producción de Crítica, se percibe que debió proveerse de mucha información que era suministrada por los canales institucionales de la policía, y eso era algo que sucedía con los demás diarios.
–¿Esa vinculación laboral entre la policía y el periodismo surge en los ’30?
–En realidad es más antigua. A fines del siglo XIX, cuando se construye el edificio central de la Policía, en la calle Moreno, ya había una sala de periodistas. Ese era un dato de la modernidad. La institución entiende que debe lidiar con el periodismo y que es conveniente darle un lugar. Así es como se establecen relaciones profesionales entre policías y periodistas, más allá de los conflictos que puedan surgir. Es que la policía está parada en la cueva de Alí Babá, de lo que son las historias truculentas y oscuras que ambiciona conseguir el periodismo comercial, que a su vez tiene la potestad de potenciar o de arruinar la carrera de varios oficiales en ascenso. Esa es la naturaleza del vínculo que se funda.
–¿Cuáles son las cosas que la policía dice sin darse cuenta y que aparecen reflejadas en los diarios?
–Me parece que es todo aquello que se cuenta cuando la policía no intenta convencer de que en realidad sucedió otra cosa. En la gran nota o en las primicias, el discurso policial aparece mediado por el relato de los periodistas. En cambio, en las informaciones más pequeñas, que dan cuenta de delitos menores, el discurso de la fuerza aparece de forma más directa y allí se filtra la mirada policial, que es sumamente anecdótica. Es ahí donde me interesa profundizar para conocer el punto de vista de la institución. Allí emerge con más claridad la ideología policial, que internamente impone el espíritu de cuerpo, una concepción que, por ejemplo, sirve para justificar las represiones a trabajadores organizados. Es una construcción muy artificiosa, en la que se nota mucho argumento e historia y también la utilización de una jerga eufemística fuertemente legitimadora.
–¿Esa construcción interna es la que va a justificar la represión que se aplica después del golpe militar del 6 de septiembre de 1930, que derrocó a Hipólito Yrigoyen?
–Sí, comienza con Uriburu, pero se consolida merced a una reforma que se lleva a cabo durante el gobierno de Agustín P. Justo, que surge mediante el fraude electoral, en 1932. Se le otorga a la policía la potestad de aplicar edictos que se emplean para ejercer la represión. Ahí se nota cómo las normativas urbanas se utilizan para desarrollar un férreo control social. Y eso va a perdurar a través de las décadas posteriores.
–¿Es entonces cuando aparecen las cooperadoras policiales?
–Es así. Es a través de las cooperadoras y las colectas que se financia el costo de esa reforma policial. La Bolsa de Comercio de Buenos Aires y diversas cámaras empresariales contribuyen con grandes sumas para equipar a la policía de la Capital. Es una reacción frente a los grandes atracos a bancos y robos a los pagadores y la creciente conflictividad obrera. Pero también se producen colectas en los barrios para dotar de más personal a las comisarias. Eso nos demuestra que la sociedad no es un sujeto pasivo frente al poder coercitivo del Estado. Hubo en los ’30 mucha represión, pero también muchos pedidos para que la represión se ejerza.
–¿Cuesta mucho acceder a los archivos policiales?
–Realmente. Diría que es más sencillo para un historiador acceder a material sobre la época colonial que a la documentación que atesora la Federal, que es una fuerza muy celosa de resguardar su pasado. En Argentina, es muy difícil construir una histografía sobre la policía, es algo que también se verifica en otros países. Así y todo, vale la pena el esfuerzo. El relato policial dice mucho sobre la organización social que lo produce.
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Fuente:http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-211867-2013-01-15.html

miércoles, 2 de junio de 2010

Henning Mankell: "El policial es aburrido"

El exitoso escritor sueco que vino a la Feria del Libro de Buenos Aires, sostiene que escribe novelas policiales para hablar del racismo. Divide su vida entre Africa y Suecia, está "enojado" y piensa seguir estándolo, porque la crisis la pagan los pobres. En cuanto al género que le dio fama, dice que se remonta a la tragedia griega, pero de la mayor parte de las narraciones policiales prefiere prescindir.

Por: Héctor Pavón

Fotos Videos EL CHINO. La promoción de la última novela de Mankell traducida al español, con formato de trailer cinematográfico.

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ESPEJO DEL CRIMEN. Para Mankell, la novela policial siempre fue un cristal que refleja las contradicciónes y la violencia de la sociedad. Es un instrumento para explorar las relaciones del poder.



Dicen que Henning Mankell es parco. Dicen que está enojado. Pero Mankell se siente bien con su enojo y sólo es parco con aquello de lo que no le interesa hablar. Allí levanta un muro del mismo modo que erige torres de palabras para argumentar contra sus enemigos.



Ha estado en Buenos Aires y ha dicho que vino cuando tenía que venir. Y esa referencia a un designio de la voluntad surge porque pudo venir aquí durante la dictadura pero eligió no hacerlo. Ahora sonríe y cuenta con una emoción contenida y discreta cuánto le gusto el paisaje del Tigre, cuánto las fotografías de Manuel Alvarez Bravo en el Malba o una parrillada de la calle Lavalle. Algunos lo vieron comprando libros argentinos y muchos otros salieron más que contentos de la charla que dio en la Feria del Libro. Todavía le preguntan por su última novela publicada en español El chino (Tusquets) y otros por la que acaba de terminar y con la que se supone que jubila al detective Wallander que se llamará El hombre inquieto y que llegará aquí el año próximo.



Mankell se ha destacado como escritor de novelas policiales pero también ha escrito obras singulares como Zapatos italianos o Profundidades donde surgen relatos diferentes pero igualmente intensos. También ha escrito obras de teatro, ensayos y libros para chicos. Lo primero que redactó durante su infancia fue un resumen de Robinson Crusoe. "Los libros son mensajeros que nos hablan de mundos que no podemos experimentar de forma directa", dice
En todas sus novelas deja entrever claramente su ideología, su toma de posición respecto al mundo. De hecho, dice que la serie del Wallander empezó con el deseo de escribir sobre el racismo. Para Mankell el enojo es un estado, una actitud que lo mantiene vivo. Se lo percibe así en cada uno de sus textos. Sin embargo, antes de finalizar esta entrevista va a subrayar que esta es una época interesante, excitante...


Usted es uno de los escritores más conocidos y elogiados en el terreno de la novela policial. Sin embargo, dice que no lee novelas policiales..., ¿por qué?



Porque normalmente la novela policial o la ficción criminal es muy aburrida. Hay muy pocos autores que me parecen interesantes. Creo, por ejemplo, que Thomas Harris es muy bueno, el de Hannibal Lecter. Creo que John Le Carré también es muy bueno. Pero encuentro que hay muchísimos autores de policiales que no tienen ningún interés.



Lo seducen más las historias trágicas y clásicas como "Medea" y "Macbeth"...



Lo que yo veo es que el origen del género del crimen o la ficción del crimen es muy, muy antiguo. Podemos remontarnos al drama griego antiguo para encontrar las raíces. El drama de Medea, que tiene 2500 años, es el de una mujer que mata a sus dos hijos por celos de su marido. Si eso no es un policial, entonces no sé qué lo es. Si nos acercamos un poco más en el tiempo, quinientos años atrás, y me preguntan: ¿Cuál es la mejor historia criminal que ha leído?, es Macbeth. Esa es una historia criminal. El hecho es que la ficción criminal, de que sostengamos el "espejo del crimen", nos da la posibilidad de hablar de las contradicciones en la sociedad. Y la criminalidad es siempre una especie de contradicción. Si usted quiere ese dinero, sale a matar a una persona porque quiere ese dinero. Es una contradicción. Yo trato de trabajar siguiendo esa tradición que usa el crimen como espejo para ver qué pasa en la sociedad. Esa es mi idea de una buena historia criminal.



¿Y Wallander es lo que podríamos llamar un policía sueco típico?



Ahhhh, es difícil de responder. Pero sé que los oficiales policiales suecos leen mis libros y les gustan. Eso es lo único que puedo responder.



El detective Wallander parece estar siempre solo. ¿Cree que disfruta de la soledad?



No. Y no estoy de acuerdo en que está siempre solo. Al menos él trata de encontrar su soledad. El problema es que es un hombre que tiene una hija y está divorciado. ¿Y por qué tiene tantos problemas para encontrar una nueva mujer? Porque todavía ama a su esposa. Los lectores inteligentes, sobre todo mujeres, lo han entendido. Y eso significa que Wallander es un hombre muy apasionado. Sigue enamorado de su mujer. Y cada vez que conoce a otra, piensa en su esposa. Es un hombre apasionado: l'homme passionné.



Ha terminado la última novela con Wallander como protagonista hace tres semanas.



Sí.



¿Ya lo extraña?



Nunca me gustó demasiado. En muchos sentidos, no se parece en nada a mí. Solo tenemos tres cosas en común: la misma edad, amamos la ópera italiana y trabajamos mucho. Pero fuera de eso no creo que vivamos vidas iguales. Si él viviera no podría imaginarlo como un amigo. Creo que trata muy mal a las mujeres, lleva una vida muy extraña, bebe demasiado. Preferiría conocer a Sherlock Holmes. Pero por otro lado, creo que es mucho más fácil escribir sobre una persona que uno no quiere demasiado. Es muy difícil narrar sobre una persona que usted ama. Es mucho más simple escribir sobre alguien que no queremos.



Su última novela publicada en español, "El chino", no está protagonizada por Wallander. Por el contrario hay tres mujeres que se convierten en personajes fundamentales de la trama: Birgitta Roslin, Vivi Sundberg y Hong Qui. ¿Quiso señalar algo en particular con esa elección?



Es una buena pregunta porque tenía una idea de hacer un libro donde las mujeres fueran los personajes principales. Y como hombre, generalmente me resulta más interesante escribir sobre mujeres. Y supongo que si fuera mujer, me resultaría mucho más interesante escribir sobre hombres. Era un desafío para mí. Por eso, decidí armar esta historia muy complicada con personajes femeninos. Era un desafío que debía enfrentar.



¿Al indagar en la cuestión china, imagina un escenario en el que haya una guerra entre ese país y Estados Unidos?



No.



Una guerra económica...



La guerra económica ya empezó. Me gustaría decirlo de la siguiente manera: hace un poco más de un siglo, algo muy importante sucedió en el mundo. Fue cuando la economía de los Estados Unidos superó a la economía de Inglaterra y se convirtió en la primera economía del mundo. Eso fue hace cien años. Muy pronto, volverá a ocurrir. China pasará a la economía de EE.UU. Y nosotros sabemos, en nuestras vidas lo que ha sido tener a EE.UU. como el número 1 en la economía, en las guerras, en la cultura, en todo. Creo que dentro de diez años, incluso en la lengua española, incluso aquí en la Argentina, va a haber palabras chinas en el idioma. Estoy convencido de eso. Todos usamos un montón de palabras en inglés. Pronto tendremos muchas palabras en chino porque el impacto de China será enorme en el futuro. Pero no creo en una guerra. Y también tiene que recordar que tenemos una tercera economía que está creciendo rápidamente, que es la India. De modo que creo que lo que veremos en el futuro para el resto de nuestras vidas será una especie de competencia entre Asia –China, India– y el resto del mundo. No sé cómo será, no lo sé, pero no creo que haya una guerra así. Creo que los chinos son muy inteligentes como para pensar en ir a una guerra contra los EE.UU., porque EE.UU. será durante mucho tiempo la mayor potencia militar en el mundo. China sabe que no la igualará. Sabe qué, creo que vivimos una época muy interesante.



Uno de los elementos esenciales de "El chino" es el que refiere a la presencia china en Africa...



Sí, esa es la idea del libro. Me parece fantástico que China salga al mundo a hacer negocios con países del Tercer Mundo. Eso es bueno. Pero empecé a ver que, a la larga, los chinos tienen una suerte de dimensión colonial en sus modales. Es decir: los chinos son muy racistas. Los chinos van a Africa y tratan muy mal a los africanos. Es un problema. Lo he visto. Y eso es lo que me preocupa. Y por eso escribí el libro. No sé si es un hecho, pero yo levanto el dedo para alertar: ¡Cuidado! Ya veremos si tengo o no razón. Creo que es importante hablar sobre lo que está haciendo China. El problema con China es que dice: nosotros no interferimos con la política de su país porque no dejamos que nadie interfiera con la política de nuestro país. Eso es malo porque, supongamos que hoy hubiera una dictadura militar en la Argentina. Ellos vendrían y dirían: nosotros sólo hacemos negocios, no nos importa. Les importa un comino que haya una dictadura o lo que sea. Es algo problemático.



Suecia y Africa están distanciados por miles de kilómetros. ¿Cómo lleva su vida viviendo en lugares tan disímiles?



El hecho de dividir mi tiempo entre Suecia y Africa me proporcionó distancia y perspectiva. El paisaje invernal congelado de Härjedalen, en el norte de Suecia, me recuerda el paisaje árido de Mozambique y viceversa, así como el calor seco de Africa puede recordarme el frío de Suecia. Lo mismo ocurre cuando hablamos de la escena de un crimen en Ystad y de la pobreza en Africa. Puedo pasar con facilidad del mundo de Kurt Wallander a un chico sin hogar de Africa, ya que siempre parto de lo mismo, de entender mejor el mundo en que vivimos.



¿Cómo es la visión del mundo desde Africa?



Yo daría vuelta la pregunta. Si usted abre un diario, en cualquier lugar del mundo y dice algo sobre Africa, lo único que verá es cómo ese continente muere, no cómo vive. Creo que la forma en que describen a Africa en los medios masivos es muy mala. Es como si en Africa la gente se estuviera muriendo y nada más. Pero no es verdad. Los africanos luchan, sueñan y aman y trabajan como todos los demás. Me enojo mucho cuando veo esa imagen de Africa porque no es verdadera. Yo vivo ahí. Lo sé. ¿Por qué es así? Yo creo que porque Africa actualmente es muy pobre. Es el continente más pobre. Y lo es porque a la gente no le interesa. Van a seguir explotando a Africa para explotar sus materias primas. Hay que preguntarse y analizar cosas como qué son las materias primas. Incluso los jugadores de fútbol son materia prima. Le daré otro ejemplo en otra área. Manchester, Inglaterra por un lado y por otro tenemos un país en Africa llamado Malawi. En este momento, hay más malawis trabajando en Manchester que en todo Malawi...



Mucha gente en el mundo, y aquí en la Argentina, piensa que Suecia es un paraíso. ¿Para usted lo es también?



Debe tener presente que no fuimos nunca nosotros los que dijimos que Suecia es un paraíso. Ustedes lo dicen. Es una especie de mitología eso de que Suecia es un paraíso. Suecia es una sociedad muy decente para vivir pero no un paraíso. Hace treinta años, había otra mitología referida a Suecia: el de las rubias suecas. Es absurdo. Eso nunca existió. Ustedes crearon la mitología sobre Suecia, no nosotros. Suecia no es un paraíso, nunca lo fue, pero sí es una sociedad decente. Con muchos problemas, pero una buena sociedad. Paraíso, no señor.



¿Y como sueco, se siente culpable de algo?



No, culpable no. Pero creo, cada día, que estamos viviendo en un mundo terrible. Y yo trato de usar mi poder, en la medida de lo posible, para hacer algo al respecto. Y doy dinero. Podría ser un hombre muy rico pero regalo el dinero. Acabo de dar un millón y medio de dólares para crear un hogar para niños huérfanos en Africa para que puedan tener un futuro. Eso es algo maravilloso que se puede hacer. Pero culpa no. Estoy muy enojado y trato de luchar contra esto. Cada mañana me levanto con el sentimiento de que estamos viviendo en un mundo terrible. Tenemos una crisis financiera en el mundo y los que más están sufriendo son los que nunca tuvieron nada que ver con esa crisis. Son las personas más pobres de la Argentina y de Africa. ¿Qué han tenido que ver con Wall Street y Estados Unidos? Nada. Y son los que más están sufriendo. Eso es algo terrible. Camino por la calle aquí y veo a familias enteras viviendo en las calles y me pregunto, Dios mío, ¿qué tiene que ver esta gente con Wall Street? Nada. Por eso, vivimos en un mundo terrible. Estoy muy enojado. Y seguiré estando enojado toda mi vida. Espero.



En su novela "Asesinos sin rostro", una anciana, antes de morir, susurra una palabra: "extranjero..." En el libro esa palabra tiene un peso muy fuerte...



Pero mire, en ese libro, la historia trata de la xenofobia y el racismo. Y en esa historia fueron realmente unos extranjeros los que cometieron ese crimen y yo siempre prefiero hablar de eso que no hacerlo. Creo que vivimos en un mundo donde hay mucha xenofobia y mucho racismo. Y una cosa que podemos hacer es hablar del tema. Ese libro tiene casi 20 años pero creo que es tan actual hoy como hace 20 años.

Hanif Kureishi dice que los talleres de escritura son las nuevas clínicas psiquiátricas.



¿Usted qué piensa?



Diría: sin comentarios. Por otro lado, pienso que eso tiene dos aspectos. Si la gente siente que le gustaría escribir y entonces va a aprender, me parece bien. Pero si usted hace un curso sólo para ganar dinero en el que está engañando por ejemplo a chicos jóvenes que van y pagan porque les dicen que van a ser escritores, eso es muy malo. Pero contar historias siempre me parece importante, de modo que me parece que eso presenta dos aspectos.



¿Y usted, qué tipo de formación tuvo?



Ninguna. Simplemente escribir. Lo decidí cuando era joven y no he hecho otra cosa en mi vida. Empecé a escribir muy temprano. A los 19 años ya tenía mi primera obra de teatro llevada al escenario; a los 23 ya saqué mi primer libro. Nunca hice otra cosa. Soy una persona muy feliz ahora porque hago lo que soñé de chico. Nunca soñé otra cosa. Simplemente hice esto. Hoy hago exactamente lo que pensaba cuando tenía 10 años.



¿Y los sueños para usted, qué tan importantes son? ¿Lo ayudan a escribir...?



No creo que los sueños sean más importantes que otras cosas. Mis historias vienen de todas partes. Podrían salir de usted mismo, de esta habitación, de algo que leo, o de algo que sueño. No creo que los sueños sean específicamente importantes para mí.



Juan José Millás dice que hay cosas que quisimos preguntarles a nuestros padres pero que nos acordamos demasiado tarde de hacerlo... ¿Le quedaron preguntas sin responder?



No, no realmente. Mis padres –tanto mi padre como mi madre– están muertos. Pero yo creo que conseguí hablar con ellos de todo antes de que murieran o sea que no tengo la sensación de: ¡ah, hay tantas cosas que no sé! Y es lo que trato de hacer con mis hijos. Les digo: háblenme ahora, mientras estoy vivo. No esperen. Es lo que les digo.



¿Qué imagen le viene a la mente cuando escucha la palabra Argentina?



Ahhhhh, algo bueno. Algo mágico, algo místico. Porque cuando yo era chico, Buenos Aires, Argentina, tenía cierto toque místico, mágico. Brasil siempre fue Brasil: samba, todo era muy claro. Pero Argentina tenía algo de mágico, de oscuro, de secreto. En mi caso, siempre tuve la sensación de que mucha gente decía: Ah, tengo ganas de ir a Río de Janeiro. Y yo siempre decía: no, yo tengo ganas de ir a Buenos Aires. Y me preguntaban ¿por qué? ¿Tienen un festival de samba o algo? No, decía yo, iré a ver tango, lo que sea; pero quiero ir. No me pregunte por qué tengo esa imagen. Probablemente porque leí sobre la Argentina.



¿Y cuando escucha el nombre de Dagmar Hagelin?



Por supuesto, pero yo hablo de un impacto de Argentina antes de la dictadura. No se olvide de que yo soy un viejo, o sea que había pensado en la Argentina antes, pero la dictadura me hizo no venir a la Argentina. Porque nunca fui a España estando Franco y nunca iba a venir aquí en esa época. Y por supuesto Dagmar Hagelin fue un símbolo de la crueldad del capitán Astiz. Son personas sobre las que sabemos pero mi imagen de la Argentina se remonta mucho más lejos: a Eva Perón y Juan Perón. Durante la dictadura hubo muchos argentinos que vinieron a Suecia y algunos volvieron. Llegaron a Suecia en esos años, esos tiempos terribles.



En "El chino" usted describe a los maoístas en los años sesenta suecos. ¿Usted fue maoísta?



No, no, no. Siempre fui muy radical pero nunca fui estúpido. Nunca entré en esas sectas extremas. Son casi como una religión. Nunca formé parte, pero lo veía y escribí mucho sobre eso. Radical sí fui. Pero nunca estuve en esa escena.



¿Hay algo que añora en su vida, algo de otra época, una nostalgia?



Sí, quizá, no haber tenido una hija... Siempre quise tener una hija pero tuve cuatro varones. Pero no puedo decir que añoro. Creo que no añoro nada. Mi privilegio es que no recibí nada gratis. Mi padre no era rico. Tuve que trabajar por todo, pero mi privilegio fue poder trabajar en lo que quería, nadie me lo impidió, pero nunca tuve nada gratis. Nunca.



¿En qué lugar del mundo desconocido le gustaría despertar o dormirse...?



Me gustaría mucho ir a la Isla de Pascua. También me gustaría visitar otra isla. ¿Conoce la historia del motín del Bounty? Es de hace 200 años. Un barco inglés llamado Bounty bajo el capitán Bligh. La tripulación se amotina y ponen al capitán en otro barco y lo mandan a una isla. Esa isla se llama Pitcairn y está en la Polinesia. Hoy usted puede ir y encontrar a la gente emparentada con los descendientes de esos ingleses que llegaron a la isla. Después me gustaría ir a la Antártida y supongo que podría cenar ahí. Le mencioné tres islas: la Antártida también es una isla.



¿Le habría gustado vivir en una época en particular?



No. Creo realmente que nuestro tiempo es muy dinámico y es una época muy excitante.



¿Es este el mundo en que soñó vivir cuando era joven?



No. Este mundo es mucho peor de lo que pensé. Estamos viviendo en un mundo malo.



¿Cómo le gustaría ser recordado?



Espero ser recordado como una persona que por lo menos trató de hacer el mundo un poquito mejor. Nada menos.

lunes, 15 de febrero de 2010

"La ficción me hace sentir libre"

Entrevista a Reynaldo Sietecase

El autor, que también es periodista y poeta, regresa con A cuántos hay que matar , novela que hace referencia al caso Blumberg.

Sábado 13 de febrero de 2010 | Publicado en edición impresa 

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"La ficción me hace sentir libre"ENTRE DOS MUNDOS. "La ficción y el periodismo son la Bella y la Bestia", dice Sietecase Foto: SEBASTIÁN SZYD
Por Natalia Blanc
De la Redacción de LA NACION 
La venganza y la justicia por mano propia son los ejes de la trama de A cuántos hay que matar , la segunda novela de Reynaldo Sietecase que acaba de publicar Alfaguara. En este policial con trasfondo social reaparece Mariano Márquez, un abogado penalista con contactos con el hampa que en Un crimen argentino (2002), la anterior novela del autor, asesinaba a un hombre y disolvía el cuerpo en ácido. Esta vez, el personaje es un intermediario entre el protagonista, un empresario cuyo hijo fue secuestrado y asesinado, y un sicario contratado para matar a los responsables de la muerte del joven.
Poeta, escritor y periodista, Sietecase (Rosario, 1961) partió de un caso real para crear una historia con tres niveles de narración: la crónica de la venganza, la trastienda del secuestro y asesinato de Alejandro Bauer, y un diálogo entre un periodista y uno de los acusados, que no quiere salir de la cárcel porque sospecha que lo van a matar.
-Su primera novela y su libro de cuentos, Pendejos, también surgieron a partir de casos policiales. Al ser periodista, ¿le cuesta despegarse de la realidad?
-Yo me nutro de lo que veo, lo que tengo próximo, y a partir de ahí hago ficción que es, para mí, un espacio lúdico. Me descansa de la realidad. Me hace sentir libre, me divierte. El periodismo y la literatura son terrenos bien distintos: el primero tiene un compromiso con los hechos, con la verdad, y la ficción permite inventar, imaginar que todo es posible. Para mí, son como la Bella y la Bestia: a veces los cruzo, pero en general trato de que se mantengan separados.
-¿Por qué eligió el caso Blumberg para desarrollar la trama?
-En realidad, esta novela surgió por un caso de los años setenta. Cuando presenté Un crimen argentino en el interior del país, la gente se acercaba a contarme casos impunes. En Rosario, una persona me contó una historia que me impactó: los culpables de un crimen son asesinados cuando salen en libertad. Siempre se pensó que había sido una venganza del padre, pero nunca se pudo probar. Me gustó la idea, me pareció muy atractiva. Yo venía pensando en el tema de la venganza, que atraviesa la historia de la literatura.
-También está el tema de la justicia por mano propia, en un país en el que muchos piensan que la justicia no funciona o funciona mal.
-Sí, los temas están vinculados. La justicia por mano propia, en general, funciona por una venganza. Yo reivindico que el policial, además de contar una buena historia, tiene la facultad de contar una sociedad. Como debe ser verosímil, permite contar cómo funciona la justicia, la policía, el poder. En este caso, encontré un eje que me fascinó: narrar desde el punto de vista de un preso que no quiere salir de prisión porque sabe que lo pueden matar. Después, durante el proceso de escritura, se me ocurrió que podía tender una tangente hacia un caso fuerte como el de Blumberg. Me pareció interesante pensar qué pasaría si ese hombre que se convirtió en una especie de héroe nacional porque llevó adelante el reclamo contra la inseguridad también tuviera su lado oscuro.
-¿Por qué aparece de nuevo Mariano Márquez?
-Es un personaje fascinante para mí. Muy complejo. Me gusta pensarlo como una especie de Hannibal Lecter porque combina maldad con inteligencia. Nació para Un crimen argentino y no pensaba volver a usarlo. Ahora sí, es probable que lo lleve a otra novela. Tengo muchas ganas de pasar a Márquez de la oscuridad a la luz. Me gustaría tenerlo colaborando con la Justicia, que pase al lado de los buenos, como para cerrar una trilogía.
-En la novela, todos los personajes tienen su lado oscuro, hasta el periodista. ¿Es una excusa para reflexionar sobre la profesión?
-El periodista es la gran sorpresa del libro; resulta clave en la historia. Por un lado, me servía a nivel narrativo porque, para que pudiera hablar el preso, necesitaba un interlocutor. Me puse yo en el rol del periodista y vi que era viable. Si me entero de que un preso no quiere salir de la cárcel, quiero ir a entrevistarlo. Con ese personaje incorporé la primera persona, como Truman Capote en "Féretros tallados a mano". Pensé que esa podía ser una forma de meterme en el libro, de hacer algunas reflexiones sobre el periodismo y el ejercicio de la profesión. No hago quedar bien al personaje; es una pequeña maldad y también, una autocrítica. Creo que estamos haciendo el peor periodismo desde 1983: el menos riguroso, el más pobre.
-¿Cómo fue el proceso de escritura?
-Este libro tiene casi tres años de escritura. En el medio, hice los cuentos de Pendejos . Escribo de noche porque es cuando puedo quitarle la cabeza, las manos y el corazón al periodismo. Tenía clara la historia de la venganza. Me hice una estructura y después apareció lo demás. Tomás Eloy Martínez me dijo alguna vez que esto es como una salchicha: tenés que atar el hilo de la punta y el otro, y después empezar a llenar. O sea, tener una suerte de camino: de principio y de final.
Como lector, ¿qué espera de un autor?
-Soy un lector muy dócil en ese aspecto: si me cuentan una buena historia, si me agarran del cuello y no me sueltan hasta el final, no exijo demasiado. Mis dos novelas tratan de lograr eso, algo que viene del periodismo, donde no tenés muchas oportunidades: no podés dejar que el lector se escape. Es lo mismo que busco cuando voy al teatro y al cine. En el fondo, lo que más me importa es disfrutar de una buena historia. Y mi gran obsesión es contar historias policiales.
-Con seis libros de poemas publicados, ¿qué lugar ocupa hoy la poesía en su vida?
-Hago poesía desde los quince años, mucho antes de imaginar que iba a trabajar como periodista. La poesía es algo que aparece, es inevitable y muy difícil de manejar. Es una necesidad.
Fuente: LA NACION

martes, 19 de enero de 2010

"En la novela policial, hay que descolonizar el imaginario"




ENTREVISTA JUAN SASTURAIN ESCRITOR Y PERIODISTA


Guionista y crítico literario, dice que "se escribe para saber qué pasa". Y reivindica el género de aventuras. 


Por: Por Diego Malpelli






LA ERUDICION Y LA ACADEMIA. SASTURAIN, ENTRE BORGES Y EL JUGADOR MARTIN PALERMO.

Guionista de historietas, periodista deportivo, crítico literario y desde hace un par de años conductor del ciclo televisivo "Ver para leer", al escritor Juan Sasturain no hay oficio en los medios que se le resista. Autor de cuentos y novelas en los que sobresalen la creación de personajes entrañables, como aquel detective Etchenike, protagonista de la novela Manual de perdedores, y la mezcla balanceada de la academia con la calle, en esta entrevista habla de la reciente aparición de El caso Yotivenko, una compilación de relatos en el que se destaca el cuento que da título al libro. Sasturain señala que se escribe para "enterarse qué pasa" y reivindica al género de aventura como posibilidad de "descolonizar el imaginario".

Como les sucede a la mayoría de los guionistas o dibujantes de historietas que terminan guionándose y dibujándose a sí mismos, Sasturain ha construido con el paso de los años una caricatura de su persona: los anteojos diminutos bailando sobre la nariz, la calvicie cenital contrastada por la corona de pelambre lisa y plateada, las botamangas del pantalón y el morral cruzándole un hombro son ya parte de sus rasgos registrados. La tradición del escritor argentino que mezcla a su capricho la erudición de la academia y la mitología del café, ha hecho el resto. El resto: un periodista y escritor capaz de meter a Borges y a Palermo (Martín, el jugador) en una misma oración sin que nadie pueda impugnarla por invadir terrenos previamente demarcados y supuestamente contrapuestos.

Y es precisamente en un café dónde se desarrolla la entrevista con Clarín, para hablar, entre otras cosas, de la reciente edición de El caso Yotivenko, una compilación de algunos de sus cuentos ya editados más la perla del relato que da título al libro. Allí hay fútbol, como era de esperar, pero también hay política, espionaje, bailarines del Bolshoi convertidos en futbolistas, una historia secreta, la KGB y la Boca. Un cóctel difícil de concebir si no se tiene la imaginación, la sabiduría mundana y el interés por lo político de un escritor que añade su obra bien juntito a la de Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Héctor Oesterheld.

¿Cómo surgen las ideas para una historia cómo la de "El caso Yotivenko"?

A mi me interesa mucho la idea de la génesis, de dónde vienen las historias. No la idea de adónde van a parar, porque uno no sabe eso. Pero de donde vienen si, porque hay cierto nivel de conciencia que puede decirnos algo, nivel de conciencia que es un aspecto ínfimo de la totalidad que motiva la escritura. Pero en El caso Yotivenko todo proviene de un juego de palabras: la palabra yotivenco, que es del lunfardo. Si la escribís con K suena a un apellido ruso, y uno piensa que puede ser un jugador de fútbol ruso. Y yotivenco a su vez remite a la Boca también, porque es el reverso de conventillo. Entonces inconscientemente se puede reconstruir de dónde viene el asunto. El asunto es un jugador ruso que viene a jugar al país, a jugar en Boca. ¿Yotivenko era el nombre? No, era el nombre que le pusieron los hinchas para simplificarlo. ¿Y cuándo hubo rusos en Argentina? Los rusos vinieron en la década del 60. Plena guerra fría. Y por ahí se arma la historia.

Hay gente que sigue considerando a la literatura del fútbol como un género menor. ¿Coincide?

Si, porque suele serlo. Es como lo bélico o el western. Yo no creo que haya géneros, sino que hay autores. Hay escritores y escribientes. Y hay escritores que trabajan dentro de géneros pero son escritores. Y hay escribientes que no trabajan en el género y escriben novelas. Los géneros pueden servir o no como vehículos para la escritura. Y la adscripción a uno determinado como en este caso el del fútbol, de ninguna manera impide la posibilidad de hallar literatura. De todos modos, la mayoría de las veces, en los textos de géneros no vamos a encontrar literatura, muchas veces ni escritores vamos a encontrar. Pero eso pasa también en la tele o en el cine. El fútbol puede ser, como cualquier otra cosa, objeto de la escritura, pero al final va a depender de quién escriba y qué haga con eso. O sea que siempre termina importando la diferencia entre el qué y el cómo. La literatura es el cómo.

Usted dijo que se escribe para saber qué pasa. ¿Los escritores arrancan de esa duda?

Es una frase con una alto grado de generalidad y muy personal. Es una respuesta tácita para aquellos que piensan que si uno trabaja dentro de los parámetros de un género, tiene que atenerse a un corsé. Si voy a escribir un policial, tengo que saber qué es lo que voy a contar, tengo que tener la historia armadita. Y no es exactamente así.

¿Por qué?

Porque el argumento no es necesariamente lo que voy a contar. El qué pasa no es la sucesión de acontecimientos sino cuáles son los ejes temáticos, de qué estoy hablando, o al menos de qué creo que estoy hablando, porque muchas veces estamos hablando de otras cosas y no nos damos cuenta. Sin hacer psicoanálisis barato, pero al escribir estamos hablando de la política, de nuestro tiempo, de nuestra relación con el texto. Entonces a mi me interesa esa escritura que se va descubriendo a sí misma. Toda la gran literatura viene de esa duda: Cervantes empezó a manejar un material que desconocía o al cuál abordó en términos jocosos. ¡Y entró todo ahí! Se fue saludablemente al carajo e inició la novela moderna a partir de una parodia. Es decir que en literatura, nunca la intención define un texto. Intención que a veces no se puede reconstruir, porque nunca podremos saber qué quiso hacer el escritor. Seamos concientes de todas las variables que no manejamos cuando escribimos. En ese sentido uno se entera: se entera qué pasa cuando escribe.

Otra frase suya: "escribir desde el sufrimiento, a partir de que te patean", ¿primero hay que saber sufrir, después escribir?

Una cosa es la sensación de que algo te duele, otra instancia es decir "¡Ay!", esa sensación convertirla en un gesto y otra cosa distinta es decir me duele. Son tres cosas diferentes y ninguna es sustitutiva de la otra. Y de algún modo la literatura está al final de un proceso que implica todos esos instantes y sensaciones, sean reales o figuradas. La formulación puede ser desplazada, idealizada, modificada, puede ser invertido el sentido. Ahora cuando uno está inmerso en la experiencia, no tiene porqué escribirla. Ejemplo, la poesía lírica: toda la lírica consiste es un canto a la pérdida, nadie escribe la felicidad, nadie escribe cuando hace el amor, va a escribir cuando ya no lo hace más. Dicho esto muy groseramente. Entonces si la poesía tiene que ver con la pérdida, se supone que de algún modo la expresión compensa Y en términos políticos es lo mismo. Lo que hay que buscar y uno desea para sí es que haya una coherencia entre el texto y las experiencias que están por debajo de ese texto.