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viernes, 29 de noviembre de 2013
El spleen de los muertos
"El Spleen de los muertos" Ricardo Romero
"Habrá una vez,en una Buenos Aires que es ésta pero peor,tras un ya lejano Bicentenario apocalíptico en que los incendios y las bombas y las lluvias impiadosas transfigurarn el paisaje,los barrios y las cabezas de la gente;habrá una vez,digo tres amigos.Como en el tango,pero peor también,porque esta vez-la tercera y la vencida después de El síndorme de Rasputín y Los bailarines del mundo-las letras de la nocturnal música de fondo que acompaña a los muchachos Abelev,Muiskin y Maglier las dicta Baudelaire,el caballero del verde tedio,señor del spleen.
Tras el descenso ad inferos que significó la excursión al CentrodelaTierra,el desmembrado trío protagónico vuleve por os vías diferentes a la superficie.Numerosos periplos los llevarán por todas las estaciones del misterio en una Buenos Aires fantasmal,hasta reencontrarse.Pero nada es tan fácil ,nunca lo es.Para poder sentarse todos todos a la mesa de la máma de Abelev,habrá primero que matar y probablemente morirse,remar sangre arriba contra las fuerzas del mal,no tan ajenas en su equívoca perversidad.
Pero contar una novela inextinguible como ésta exigiría romper la magia siempre renovada por el qué pasa y como sigue.Y Ricardo Romero pertenece a la raza de los narradores genuinos,los que no se merecen esa traición ni la perdonan.Baste decir,entonces,que el Spleen de los muertos cuenta una batalla por o contra la melancolía.Pero que la guerra,una vez más,no ha terminado."
Juan Sasturain
miércoles, 12 de junio de 2013
Charla de Juan Sasturain
Feria del Libro
Fotografía: Dennis Andresco
Fotografía: Dennis Andresco
Fotografía: Dennis Andresco
Se trató sobre el proceso de escritura. Se comentó
sobre la última novela que escribe. Destacó que muchos escritores publican
policiales en Argentina.
Por Guillermo
Anderson
El escritor, periodista,
guionista y conductor televisivo Juan Sasturain brindó una charla sobre
literatura en el marco de la Primera Feria del Libro en la ciudad de La Plata Tinta Roja Policiales estuvo ahí para cubrir
este evento.
Durante su
exposición sin tema pautado Sasturain fue contando en qué consistía la novela que está escribiendo en este
momento, ambientada en Mar del Plata en la década del Cincuenta, leyó algunos
fragmentos del libro, fue intercalando con reflexiones sobre lectura,
escritura y géneros que aborda en sus
libros.
El escritor
hizo referencia a la diferencia entre escribir y publicar que según el son dos
cosas diferentes muchas veces
conectadas y a su vez diría que: “Para
los escritores los que les interesa es escribir no hay algo más hermoso y
poderoso que terminar un texto”.
El periodista
utilizó la metáfora del atletismo planteando la analogía con la escritura
“Escribir un cuento o una nota periodística (contratapa de Página 12 de los
lunes) es como una carrera de cien metros, mientras que escribir una novela es
como una maratón no sólo hay que tener aptitud para hacerla sino que ocupa un
pedazo de tu vida, que convivís con un montón de situaciones, personajes en tu cabeza”.
En cuanto a la
creación de sus novelas policiales del detective Etchenike Manual
de Perdedores, Arena en los zapatos y
Pagaría por no verte. Sasturain comentó que mientras escribía “Arena en los
zapatos”
le sucedió que: “iba por la página cien, no sabia muy bien que iba a
pasar, que tenia un muerto y no sabia quién lo había matado. En una novela
policial se tiene que cerrar todo, no se puede hacer trampa con el lector, hay
que explicar”.
Para ampliar
esta idea citó una anécdota de Raymond Chandler de cuando se estaba haciendo el
guión de “El Sueño eterno” y que apareció un muerto en la piscina y lo
llaman a Chandler para preguntarle, entonces el escritor norteamericano les contesto que no tenia la menor idea.
El guionista diría
que los libros surgen principalmente de situaciones y que
después se va desplegando, que algunas novelas del detective Marlowe de Raymond
Chandler “son argumentos incontables,
puro sentimiento y situación”.
Otro de los
disparadores, que para el autor argentino son el punto de partida para escribir una novela, son además de las
situaciones, los títulos. Ejemplificó con Pagaría por no verte frase que surge de una letra del tango
de Celedonio Flores y que “debajo de eso había que escribir una novela que justificara
ese titulo”. Otro de los títulos que a Sasturaín siempre le gustaron fue “Los espías no tosen”, pero según él, no
es un titulo para una novela, pero es lo
que le sucede a su detective Etchenike,
un personaje investiga y espía pero que
un momento tose porque quiere hacer notar su presencia.
En el caso de Manual
de perdedores sabía que se llamara así porque: “Me encantaba el titulo porque tiene
que ver con una resistencia a los criterios de triunfo de la sociedad plagada
de desigualdades, perder con método y a la altura de los ideales”.
En la
construcción de sus personajes de héroe el escritor diría que está presente la
influencia literaria de Jorge Luis
Borges y Héctor Germán Oesterheild: “El personaje se va a enterar sobre si
mismo a través de la acción, puesto en
situación de aventura se reconocerá y eso aparece bastante seguido”.
TR ¿Cuando pasa mucho tiempo en el proceso
de escritura, cómo es identificarse a uno mismo?
JS- Cuando un texto atraviesa muchas etapas de tu vida, es difícil
escribir, se reescribe todo el tiempo. En mi caso escribo de manera lineal, de
principio a fin, a veces va cambiando las voces, toda la novela no esta contada
en una misma voz. Ese es el desafío y a veces dificultad de encontrar un
equilibrio, por eso digo que la novela es un laburo sumamente complejo.
La realidad te
va modificando continuamente a vos como persona, como narrador. Un ejemplo es (Arthur)
Conan Doyle empezó a escribir las primeras aventuras de Sherlock Holmes a fines del Siglo XIX y las
ultimas fueron escritas a comienzo de la década del treinta del Siglo XX. Las
primeras aventuras de Sherlock Holmes
coincidían con ese Londres oscuro, donde se andaba a caballo, y en las últimas
historias ese contexto ya no existía más.
TR ¿Forma parte de una generación de
escritores en Argentina?
JS- Cada uno de nosotros tiene su personalidad, pero compartimos algunas
cosas (experiencias, lecturas, edad) que en nuestra escritura se nota. Los que
nacimos más o menos en la década del cuarenta, (Ricardo) Piglia, (Guillermo) Sacomanno,
(Osvaldo) Soriano, (José Pablo) Feynman Mempo Giardinelli, Vicente Battista, tenemos
experiencias similares de vida, todos por ejemplo pasamos por el genero policial
a la Yanqui, somos lectores marcados por la extraordinaria literatura
norteamericana del siglo XX.
Cuando
empezamos a escribir entre los sesenta y setenta el policial negro nos servia
como una especie de realismo autentico que nos servia para contar las cosas que
pasaban en nuestra sociedad.
TR ¿Cree que con los festivales Azabache y
BAN! (Buenos Aires Negra), ha tenido mayor presencia el genero policial en
Argentina?
JS- Esos festivales son síntomas de algo que ya existe, porque hay muchos
escritores que escriben policiales y se publica mucho, inclusive muchas
novelas, relatos que tienen elementos policiales importantes.
Lo que más se
detecta es pequeñas editoriales publicando policiales.
TR ¿Cómo en el caso de la Colección Negro
Absoluto que usted dirige?
JS- Si. Seguimos trabajando en Negro Absoluto, ahora salieron cinco
novelas nuevas. La tercera de Ricardo Romero, la segunda de María Inés Krimer,
se tiene que distribuir la segunda de Federico Levín. Hay un gran movimiento de
pequeñas editoriales.
El periodo de
oro del policial correspondió a la época del cuarenta y cincuenta, en que las
grandes editoriales tenían una colección dedicada al policial que tenia autores
internacionales tales como Rastros, Séptimo Circulo, El Club del misterio, eso
ha desaparecido. Pero el policial esta muy presente, por ejemplo en la
televisión con series e inclusive un canal dedicado a eso.
Fotografía: Dennis Andresco
domingo, 2 de septiembre de 2012
Colección Negro Absoluto
http://www.edicionesaquilina.com.ar/
En Negro Absoluto, el crimen no paga. Tampoco cobra. Ni siquiera viaja: Buenos Aires es el redundante domicilio de los cadáveres, el aire por el que vuelan los tiros es siempre húmedo y porteño, y el repetido escenario de la pesquisa tiene las veredas rotas. La sangre derramada suele ser negociada; pero no siempre. En Negro Absolutovale la pena esperar hasta el final. No hay nada escrito y todo se está por escribir.
¿Qué tienen las calles de San Francisco que envidien las de Barracas? ¿Sangra distinto un cadáver de mujer en Parque Lezama que en el Central Park? ¿Qué nuevo Marlowe tiene oficina en Avenida de Mayo? ¿Qué hermosa bruja justiciera resiste en la corrupta prehistoria de Puerto Madero? ¿Qué perplejo investigador trabajaba haciendo policiales en un diario popular de la Década Infame? ¿Qué extraños secretos esconderá la Buenos Aires de los dos obeliscos, medio incendiada después del Bicentenario?
La literatura policial argentina –la de Borges, la de Arlt y Walsh- se merecía una colección de novela en la que, después de El Séptimo Círculo, Evasión, Rastros, Cobalto o Serie Negra, se asesine y se haga justicia usando exclusivamente sangre nacional. Que por fin las cosas –también en la ficción- hayan pasado, pasen o pasarán acá a la vuelta.
Negro Absoluto, Buenos Aires y el crimen de exportación.
Juan Sasturain
lunes, 27 de agosto de 2012
Disparos en la biblioteca
Fuente:http://www.lanacion.com.ar/1488463-disparos-en-la-biblioteca
viernes, 29 de junio de 2012
martes, 19 de enero de 2010
"En la novela policial, hay que descolonizar el imaginario"
ENTREVISTA JUAN SASTURAIN ESCRITOR Y PERIODISTA
Guionista y crítico literario, dice que "se escribe para saber qué pasa". Y reivindica el género de aventuras.
Por: Por Diego Malpelli
LA ERUDICION Y LA ACADEMIA. SASTURAIN, ENTRE BORGES Y EL JUGADOR MARTIN PALERMO.
Guionista de historietas, periodista deportivo, crítico literario y desde hace un par de años conductor del ciclo televisivo "Ver para leer", al escritor Juan Sasturain no hay oficio en los medios que se le resista. Autor de cuentos y novelas en los que sobresalen la creación de personajes entrañables, como aquel detective Etchenike, protagonista de la novela Manual de perdedores, y la mezcla balanceada de la academia con la calle, en esta entrevista habla de la reciente aparición de El caso Yotivenko, una compilación de relatos en el que se destaca el cuento que da título al libro. Sasturain señala que se escribe para "enterarse qué pasa" y reivindica al género de aventura como posibilidad de "descolonizar el imaginario".
Como les sucede a la mayoría de los guionistas o dibujantes de historietas que terminan guionándose y dibujándose a sí mismos, Sasturain ha construido con el paso de los años una caricatura de su persona: los anteojos diminutos bailando sobre la nariz, la calvicie cenital contrastada por la corona de pelambre lisa y plateada, las botamangas del pantalón y el morral cruzándole un hombro son ya parte de sus rasgos registrados. La tradición del escritor argentino que mezcla a su capricho la erudición de la academia y la mitología del café, ha hecho el resto. El resto: un periodista y escritor capaz de meter a Borges y a Palermo (Martín, el jugador) en una misma oración sin que nadie pueda impugnarla por invadir terrenos previamente demarcados y supuestamente contrapuestos.
Y es precisamente en un café dónde se desarrolla la entrevista con Clarín, para hablar, entre otras cosas, de la reciente edición de El caso Yotivenko, una compilación de algunos de sus cuentos ya editados más la perla del relato que da título al libro. Allí hay fútbol, como era de esperar, pero también hay política, espionaje, bailarines del Bolshoi convertidos en futbolistas, una historia secreta, la KGB y la Boca. Un cóctel difícil de concebir si no se tiene la imaginación, la sabiduría mundana y el interés por lo político de un escritor que añade su obra bien juntito a la de Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Héctor Oesterheld.
¿Cómo surgen las ideas para una historia cómo la de "El caso Yotivenko"?
A mi me interesa mucho la idea de la génesis, de dónde vienen las historias. No la idea de adónde van a parar, porque uno no sabe eso. Pero de donde vienen si, porque hay cierto nivel de conciencia que puede decirnos algo, nivel de conciencia que es un aspecto ínfimo de la totalidad que motiva la escritura. Pero en El caso Yotivenko todo proviene de un juego de palabras: la palabra yotivenco, que es del lunfardo. Si la escribís con K suena a un apellido ruso, y uno piensa que puede ser un jugador de fútbol ruso. Y yotivenco a su vez remite a la Boca también, porque es el reverso de conventillo. Entonces inconscientemente se puede reconstruir de dónde viene el asunto. El asunto es un jugador ruso que viene a jugar al país, a jugar en Boca. ¿Yotivenko era el nombre? No, era el nombre que le pusieron los hinchas para simplificarlo. ¿Y cuándo hubo rusos en Argentina? Los rusos vinieron en la década del 60. Plena guerra fría. Y por ahí se arma la historia.
Hay gente que sigue considerando a la literatura del fútbol como un género menor. ¿Coincide?
Si, porque suele serlo. Es como lo bélico o el western. Yo no creo que haya géneros, sino que hay autores. Hay escritores y escribientes. Y hay escritores que trabajan dentro de géneros pero son escritores. Y hay escribientes que no trabajan en el género y escriben novelas. Los géneros pueden servir o no como vehículos para la escritura. Y la adscripción a uno determinado como en este caso el del fútbol, de ninguna manera impide la posibilidad de hallar literatura. De todos modos, la mayoría de las veces, en los textos de géneros no vamos a encontrar literatura, muchas veces ni escritores vamos a encontrar. Pero eso pasa también en la tele o en el cine. El fútbol puede ser, como cualquier otra cosa, objeto de la escritura, pero al final va a depender de quién escriba y qué haga con eso. O sea que siempre termina importando la diferencia entre el qué y el cómo. La literatura es el cómo.
Usted dijo que se escribe para saber qué pasa. ¿Los escritores arrancan de esa duda?
Es una frase con una alto grado de generalidad y muy personal. Es una respuesta tácita para aquellos que piensan que si uno trabaja dentro de los parámetros de un género, tiene que atenerse a un corsé. Si voy a escribir un policial, tengo que saber qué es lo que voy a contar, tengo que tener la historia armadita. Y no es exactamente así.
¿Por qué?
Porque el argumento no es necesariamente lo que voy a contar. El qué pasa no es la sucesión de acontecimientos sino cuáles son los ejes temáticos, de qué estoy hablando, o al menos de qué creo que estoy hablando, porque muchas veces estamos hablando de otras cosas y no nos damos cuenta. Sin hacer psicoanálisis barato, pero al escribir estamos hablando de la política, de nuestro tiempo, de nuestra relación con el texto. Entonces a mi me interesa esa escritura que se va descubriendo a sí misma. Toda la gran literatura viene de esa duda: Cervantes empezó a manejar un material que desconocía o al cuál abordó en términos jocosos. ¡Y entró todo ahí! Se fue saludablemente al carajo e inició la novela moderna a partir de una parodia. Es decir que en literatura, nunca la intención define un texto. Intención que a veces no se puede reconstruir, porque nunca podremos saber qué quiso hacer el escritor. Seamos concientes de todas las variables que no manejamos cuando escribimos. En ese sentido uno se entera: se entera qué pasa cuando escribe.
Otra frase suya: "escribir desde el sufrimiento, a partir de que te patean", ¿primero hay que saber sufrir, después escribir?
Una cosa es la sensación de que algo te duele, otra instancia es decir "¡Ay!", esa sensación convertirla en un gesto y otra cosa distinta es decir me duele. Son tres cosas diferentes y ninguna es sustitutiva de la otra. Y de algún modo la literatura está al final de un proceso que implica todos esos instantes y sensaciones, sean reales o figuradas. La formulación puede ser desplazada, idealizada, modificada, puede ser invertido el sentido. Ahora cuando uno está inmerso en la experiencia, no tiene porqué escribirla. Ejemplo, la poesía lírica: toda la lírica consiste es un canto a la pérdida, nadie escribe la felicidad, nadie escribe cuando hace el amor, va a escribir cuando ya no lo hace más. Dicho esto muy groseramente. Entonces si la poesía tiene que ver con la pérdida, se supone que de algún modo la expresión compensa Y en términos políticos es lo mismo. Lo que hay que buscar y uno desea para sí es que haya una coherencia entre el texto y las experiencias que están por debajo de ese texto.
Guionista de historietas, periodista deportivo, crítico literario y desde hace un par de años conductor del ciclo televisivo "Ver para leer", al escritor Juan Sasturain no hay oficio en los medios que se le resista. Autor de cuentos y novelas en los que sobresalen la creación de personajes entrañables, como aquel detective Etchenike, protagonista de la novela Manual de perdedores, y la mezcla balanceada de la academia con la calle, en esta entrevista habla de la reciente aparición de El caso Yotivenko, una compilación de relatos en el que se destaca el cuento que da título al libro. Sasturain señala que se escribe para "enterarse qué pasa" y reivindica al género de aventura como posibilidad de "descolonizar el imaginario".
Como les sucede a la mayoría de los guionistas o dibujantes de historietas que terminan guionándose y dibujándose a sí mismos, Sasturain ha construido con el paso de los años una caricatura de su persona: los anteojos diminutos bailando sobre la nariz, la calvicie cenital contrastada por la corona de pelambre lisa y plateada, las botamangas del pantalón y el morral cruzándole un hombro son ya parte de sus rasgos registrados. La tradición del escritor argentino que mezcla a su capricho la erudición de la academia y la mitología del café, ha hecho el resto. El resto: un periodista y escritor capaz de meter a Borges y a Palermo (Martín, el jugador) en una misma oración sin que nadie pueda impugnarla por invadir terrenos previamente demarcados y supuestamente contrapuestos.
Y es precisamente en un café dónde se desarrolla la entrevista con Clarín, para hablar, entre otras cosas, de la reciente edición de El caso Yotivenko, una compilación de algunos de sus cuentos ya editados más la perla del relato que da título al libro. Allí hay fútbol, como era de esperar, pero también hay política, espionaje, bailarines del Bolshoi convertidos en futbolistas, una historia secreta, la KGB y la Boca. Un cóctel difícil de concebir si no se tiene la imaginación, la sabiduría mundana y el interés por lo político de un escritor que añade su obra bien juntito a la de Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Héctor Oesterheld.
¿Cómo surgen las ideas para una historia cómo la de "El caso Yotivenko"?
A mi me interesa mucho la idea de la génesis, de dónde vienen las historias. No la idea de adónde van a parar, porque uno no sabe eso. Pero de donde vienen si, porque hay cierto nivel de conciencia que puede decirnos algo, nivel de conciencia que es un aspecto ínfimo de la totalidad que motiva la escritura. Pero en El caso Yotivenko todo proviene de un juego de palabras: la palabra yotivenco, que es del lunfardo. Si la escribís con K suena a un apellido ruso, y uno piensa que puede ser un jugador de fútbol ruso. Y yotivenco a su vez remite a la Boca también, porque es el reverso de conventillo. Entonces inconscientemente se puede reconstruir de dónde viene el asunto. El asunto es un jugador ruso que viene a jugar al país, a jugar en Boca. ¿Yotivenko era el nombre? No, era el nombre que le pusieron los hinchas para simplificarlo. ¿Y cuándo hubo rusos en Argentina? Los rusos vinieron en la década del 60. Plena guerra fría. Y por ahí se arma la historia.
Hay gente que sigue considerando a la literatura del fútbol como un género menor. ¿Coincide?
Si, porque suele serlo. Es como lo bélico o el western. Yo no creo que haya géneros, sino que hay autores. Hay escritores y escribientes. Y hay escritores que trabajan dentro de géneros pero son escritores. Y hay escribientes que no trabajan en el género y escriben novelas. Los géneros pueden servir o no como vehículos para la escritura. Y la adscripción a uno determinado como en este caso el del fútbol, de ninguna manera impide la posibilidad de hallar literatura. De todos modos, la mayoría de las veces, en los textos de géneros no vamos a encontrar literatura, muchas veces ni escritores vamos a encontrar. Pero eso pasa también en la tele o en el cine. El fútbol puede ser, como cualquier otra cosa, objeto de la escritura, pero al final va a depender de quién escriba y qué haga con eso. O sea que siempre termina importando la diferencia entre el qué y el cómo. La literatura es el cómo.
Usted dijo que se escribe para saber qué pasa. ¿Los escritores arrancan de esa duda?
Es una frase con una alto grado de generalidad y muy personal. Es una respuesta tácita para aquellos que piensan que si uno trabaja dentro de los parámetros de un género, tiene que atenerse a un corsé. Si voy a escribir un policial, tengo que saber qué es lo que voy a contar, tengo que tener la historia armadita. Y no es exactamente así.
¿Por qué?
Porque el argumento no es necesariamente lo que voy a contar. El qué pasa no es la sucesión de acontecimientos sino cuáles son los ejes temáticos, de qué estoy hablando, o al menos de qué creo que estoy hablando, porque muchas veces estamos hablando de otras cosas y no nos damos cuenta. Sin hacer psicoanálisis barato, pero al escribir estamos hablando de la política, de nuestro tiempo, de nuestra relación con el texto. Entonces a mi me interesa esa escritura que se va descubriendo a sí misma. Toda la gran literatura viene de esa duda: Cervantes empezó a manejar un material que desconocía o al cuál abordó en términos jocosos. ¡Y entró todo ahí! Se fue saludablemente al carajo e inició la novela moderna a partir de una parodia. Es decir que en literatura, nunca la intención define un texto. Intención que a veces no se puede reconstruir, porque nunca podremos saber qué quiso hacer el escritor. Seamos concientes de todas las variables que no manejamos cuando escribimos. En ese sentido uno se entera: se entera qué pasa cuando escribe.
Otra frase suya: "escribir desde el sufrimiento, a partir de que te patean", ¿primero hay que saber sufrir, después escribir?
Una cosa es la sensación de que algo te duele, otra instancia es decir "¡Ay!", esa sensación convertirla en un gesto y otra cosa distinta es decir me duele. Son tres cosas diferentes y ninguna es sustitutiva de la otra. Y de algún modo la literatura está al final de un proceso que implica todos esos instantes y sensaciones, sean reales o figuradas. La formulación puede ser desplazada, idealizada, modificada, puede ser invertido el sentido. Ahora cuando uno está inmerso en la experiencia, no tiene porqué escribirla. Ejemplo, la poesía lírica: toda la lírica consiste es un canto a la pérdida, nadie escribe la felicidad, nadie escribe cuando hace el amor, va a escribir cuando ya no lo hace más. Dicho esto muy groseramente. Entonces si la poesía tiene que ver con la pérdida, se supone que de algún modo la expresión compensa Y en términos políticos es lo mismo. Lo que hay que buscar y uno desea para sí es que haya una coherencia entre el texto y las experiencias que están por debajo de ese texto.
lunes, 12 de enero de 2009
Los libros, la política y la aventura

Periodista, narrador, guionista y poeta, Sasturain ha logrado últimamente concitar audiencia para un programa nocturno sobre libros. Lo conduce con amenidad y es un éxito. Aquí, el autor del guión de Perramus y de novelas y relatos, habla con el también escritor Marcelo Birmajer sobre géneros literarios, historietas, los años 60, el peronismo.
Por: Marcelo Birmajer
La primera vez que vi a Sasturain, él estaba jugando al fútbol. Esto no tendría nada de particular, de no ser porque se desplazaba en una silla giratoria. Y tampoco sería especialmente recordable si no agregara que el partido sucedía en una redacción, con una pelota de papel. La revista era Fierro y Sasturain era el director. Yo llegaba con una nota escrita a máquina, arrugada, literalmente hecha un bollo. Probablemente la pelota de papel fuera más prolija que mi nota. Pero de algún modo aquella fue la primera vez que me pagaron por un artículo. Era el invierno de 1986. Maradona en su mejor momento. La Argentina, al borde de abandonar uno de sus mejores momentos. Trabajar en Fierro era acceder a la cornisa más divertida de la cultura. Allí se reunían figuras nuevas como los dibujantes Tati y Podetti. Pablo De Santis acababa de ganar el premio al mejor guión; Juan Pablo Gonzalez –Max Cachimba– al mejor dibujo. Y las plumas más importantes de la historieta y el humor: Altuna, Trillo, Nine, Fontanarrosa, Limura, por sólo mencionar algunos. Juan Manuel Lima llevaba el arte de la revista. Todo sucedía dentro de La Urraca, la inolvidable editorial de Andrés Cascioli.
La revista era una idea de Sasturain, y parecía, también, una puesta en escena de su imaginería: coincidían en esa redacción verdaderos eruditos del policial y monjes de la cinefilia, como Angel Faretta; devotos de la poesía y fanáticos seriales de la ciencia ficción. Ricardo Barreiro, por ejemplo, que nos dejó hace ya unos años, guionista de El Instituto , dibujada por Solano López, solía comentarme que si en el futuro le ofrecían implantarse neuronas artificiales, no pensaba negarse. Sospecho que Barreiro, como tantos otros que fatigaron aquella pequeña oficina con vista a la calle Venezuela –no obstante parecía una casona infinita, que nunca sería tomada–, continuaría hoy tan adelantado a su tiempo como entonces. Como dice Rod Stewart: cuando nosotros éramos los chicos nuevos. El propio Sasturain se acaba de aparecer por la televisión y ya lleva dos temporadas de Ver para leer, sorprendiendo a los espectadores; hace unas cosas rarísimas con ese tema tan frágil y difícil, la literatura.
No he vuelto a visitar una redacción donde se respirara más diversidad, exotismo y libertad. Pero sí visito, 22 años después, la casa de Sasturain en la calle Defensa: el domicilio de la aventura.
El tiempo ha pasado de dos modos muy distintos por Sasturain y por mí. Como si dos pasajeros, en un mismo tren, viajaran en dos direcciones distintas. Sasturain está igual: el mismo tipo de calvicie, la misma cara, la misma forma de hablar. Yo en cambio, como dice la canción mexicana, tengo el pelo completamente blanco. Me cuesta recordar nombres. Y escupo cuando hablo.
La casa de Sasturain tiene algo de aquella redacción de Fierro: no sólo porque está en el mismo barrio. En medio de la mesa, junto al mate, hay un diccionario bíblico; dentro del libro, a modo de señalador, la cubierta de un DVD de Los 39 escalones , de Hitchcock. Por cualquier parte sigue apareciendo Borges, a quien Sasturain me aconsejó leer cuando yo todavía era más ciego que el Maestro. Incunables de Goodis, Jim Thompson, otros logros docentes de Sasturain. Y Salinger, Hammet, Chandler... Creo que de mi fondo literario, los únicos tres que no me recomendó Sasturain son Bashevis Singer, Somerset Maugham y Lion Feuchtwanger. Justo cuando llego a su casa vengo releyendo El agente secreto , de Maugham, y como es de los pocos de los que puedo hablar de igual a igual con él –porque, sin habérmelo presentado, sé que compartimos la afición–, le comento:
–Graham Greene le robó dos ideas a Maugham. Una es la idea de El fin de la aventura , una de las mejores novelas de Greene (la mejor, para mí, sigue siendo El americano impasible ). En Una hora antes del amanecer , la novela de Maugham, un personaje femenino le ofrece a Dios dejar de ver a su amante a cambio de que lo conserve con vida. La Sarah de El fin de la aventura hace lo mismo. La otra la sacó Greene de El agente secreto : en el cuento llamado "Gustavo", el personaje escribe falsos informes de espionaje; igual que en Nuestro hombre en La Habana , de Greene. Y para colmo, Greene se permite escribir un ensayo perdonándole la vida a Maugham, diciendo que sí, que es un buen contador de historias, pero que escribe en un lenguaje convencional.
–No debe haber sido fácil escribir ni siquiera esas tibias palabras a favor de Maugham, en ese momento –me corrige Sasturain–. Lo que queda es que lo defendió en un momento en que todos lo atacaban. Y la verdad es que a Maugham lo atacaron durante toda su vida como escritor.
Desde aquel 1986, y hasta ahora, siempre te veo señalando lo que no está en el escaparate, ya sea un libro, un guión o una película. De hecho, tu programa en televisión está hecho de tal modo que siempre parece algo casual; nunca una consagración de nada.
Las recuperaciones dependen, entre comillas, de las coyunturas y de las olas literarias. Hay cosas que se ponen de moda en un determinado momento... Lo importante a veces es cierta lectura que no necesariamente corresponde a la época. Puntualmente, en la crítica de libros, no creo haber sido demasiado heterodoxo, solamente en algún momento. Pero sí me gusta recordar que durante el año 81, por ejemplo, escribí para un medio atípico como era la revista Humor, sobre toda la literatura argentina que se publicó ese año. Haber acompañado Respiración artificial , de Piglia; o Maldición eterna a quien lea estás páginas , de Puig, por recordar sólo dos, bueno, no está mal.
Yo creo que en tu caso hay una paradoja. Por un lado, trabajas con géneros considerados marginales: la historieta, el policial, el western. Pero vos, en lo personal, nunca tenés una actitud juvenil o transgresora. Sos lo que yo definiría como una persona normal. Ni siquiera fuiste de izquierda.
No, porque fui peronista siempre, por mi viejo, por la historia de mi familia. Además, cuando era pendejo, en mi primera adolescencia fui católico ferviente, es decir que tengo un camino distinto que otros. Cuando otros agarraban la bandera de la militancia, yo agarré la bandera de la militancia espiritual, digamos. La época de la búsqueda de absoluto... pero también pasé por la protoguerrilla.
¿Por la protoguerrilla?... ¿Por Montoneros?
No, proto... Las Far.
¿Cuánto te duró eso?
Un año y medio largo. Desde el 69 hasta el 71. Sobre todo por el contacto con un hombre excepcional: Carlitos Olmedo. Jugábamos al fútbol en la facultad, él me reclutó.
¿Y por qué te vas?
No sé, eso no lo sé, pero no era para mí. Podía reconocer la justicia de la causa, podía entender las razones por las cuales había entrado, pero también sentía las razones personales. En la adolescencia, fue abrazar el cristianismo como una forma de solución mágica a todas las cuestiones... una casa donde encontrás todas las respuestas. Entonces vivo tranquilamente a los 14, 15 años, que tenés un flor de quilombo. Si le tenés mucho temor a los cambios o a hacerte las grandes preguntas, encontrás una buena receta y te metés ahí. De algún modo la militancia revolucionaria te contestaba... y le daba sentido a tu vida. Pero en algún momento me di cuenta de que había algo que podía ser válido para muchos, pero no lo era para mí. Llamalo una cuestión de piel. Yo seguí militando pero no allí.
Aparece Diego, el hijo mayor de Sasturain, al que conozco desde que era más bajo que yo. Ahora creo que me lleva una cabeza. También es novelista. El hijo del medio, Tuto, vive en Barcelona y se dedica al tatoo. Lola, la hija menor, quiere estudiar cine. Nos retiramos de este breve capítulo de la vida de Sasturain.
¿Y es esa búsqueda de absoluto lo que te lleva a buscar estos géneros marginales, poco reconocidos; como si la verdad no pudiera estar expuesta?
Hay dos cosas distintas. Una es la validación de las experiencias personales, que tiene que ver con aquellas cosas que te han hecho feliz, aquellas cosas que te llenaron el alma. Y a mí me pasó con ciertas cosas que reivindico siempre como fundantes. Una puede ser la práctica del fútbol; otra puede ser la lectura de formación, que en mi caso, que es un caso generacional, tuvo que ver con la lectura de cierto tipo de aventuras. Las aventuras pasaban por la historieta y la reivindicación de la historieta viene por ahí. Es la aventura como lugar existencial, como el lugar de las preguntas por el sentido. La aventura es la situación límite en que te jugás no la vida, sino el sentido de tu vida.
Y para vos, el fundador de la aventura es Oesterheld.
Mi reencuentro con [Héctor] Oesterheld, no con él personalmente, sino con su nombre, es de algún modo una parábola. Tené en cuenta que El Sargento Kirk , Ernie Pike , las historietas de Oesterheld que leía en mi infancia, fueron fundamentales para que yo siguiera la carrera de Letras, y me dedicara, finalmente, a escribir mis propias historias. En el 75 yo ejercía la docencia en la carrera de Letras. Me amenazan los de la Triple A. Y poco después, en ese clima irrespirable de la dictadura, decido llamarme a silencio. Entro como corrector en Clarín, y no publico una palabra hasta el 78. Y la primera palabra que publico en el 78, es Oesterheld. El mismo apellido que me había llevado a buscar la escritura y que, de algún modo, también me llevó al silencio cuando no se podía decir lo necesario. Pero vuelvo con ese nombre en el 78, con un artículo sobre El Eternauta , para Clarín, precisamente. En Cultura y Nación. La primera vez que se publica una nota sobre Oesterheld en un suplemento cultural, y sobre El Eternauta .
¿En ese momento él estaba desaparecido?.
¿Dónde estaba en ese momento Oesterheld? Yo no sabía. Yo escribo y digo, como buen ganso, que el autor ahora estaba en el exterior. Porque por lo que yo sabía, lo habían agarrado; pero había podido salir del país. Yo no tenía ningún contacto cercano, ninguna otra información. Entonces, suena el teléfono una noche en la sala de corrección de Clarín, y era Elsa Oesterheld. Me dice: "Habla Elsa Oesterheld, ¿usted sabe dónde está mi marido?". Yo sentí que era exactamente el último de los pelotudos. Yo digo: "No, la verdad no sé." "¿Y por qué puso eso?" "Es lo que me dijeron." "¿Pero usted sabe qué ha pasado?". Yo dije: "No." "Venga a mi casa un día de estos". Entonces fui un día a la casa de Elsa y ahí me enteré de todo... de todo. Y del drama familiar: cuatro hijas desaparecidas. La ilusión de Elsa de recuperar a una de las hijas...
Llega la escritora y guionista Liliana Scliar, la esposa de Sasturain –ahora que lo pienso, Sasturain estuvo en mi casamiento, y yo estuve en el suyo– y aprovechamos para salir de esa noche.
Bueno, a partir del 79 en adelante, es cuando empiezo de nuevo a escribir, pero ya en otro registro. Renuncio a la corrección en el 79 y en lugar de ir a laburar, me pongo a escribir.
Por esa época creás un personaje que te va a acompañar hasta hoy: Etchenique, el protagonista de "Manual de perdedores". Curiosamente, aunque vos por entonces no habías llegado a los cuarenta, tu personaje ya es un veterano. Eso refuerza mi percepción de que siempre te negaste a ser joven.
Tenía una distancia de edad con Etchenique que recién se ha acortado ahora. En la primera versión, el personaje se llamaba Robledo y vivía una historia relacionada con la militancia universitaria, con las organizaciones armadas. Robledo, que tenía treinta y pico de años en esa primera versión, finalmente aparece en Manual de perdedores como Etchenique.
¿A qué edad nace Etchenique?
Cuando nace, Etchenique tiene 67.
Nace como un veterano.
Exactamente. Ahora, yo me aproximo a él mientras él persiste, porque la historia sigue transcurriendo en el año 80.
Permitime un salto en el tiempo, para evitar un salto temático, porque quiero aprovechar el tema de "El Eternauta" para preguntarte por tu propia historieta: "Perramus", ese álbum dibujado por Alberto Breccia. Porque ahí aparece también el tema de la resistencia, del olvido... Ya no como lo trata Oesterheld, pre-dictadura; sino post-dictadura. Precisamente, ese guión me parece muy relacionado con esa noche terrible que pasás con Elsa Oesterheld...
Perramus fue, claramente, al menos para mí, sin demasiada conciencia, un gesto catártico, en varios sentidos. El personaje se me ocurre en el 81, 82, a finales de la dictadura. Lo primero que pensé fue en un hombre que al dormir olvidaba todo y que cada día era otro, volvía a empezar sin memoria. La idea, supongo, era la de vivir en un presente absoluto, libertad plena sin condicionamientos. El olvido no era una limitación; la memoria, en cambio, era un lastre. Pero no pude o no supe hacerlo. O no quise. Y conté otra cosa: el olvido puntual y borrador como elección consciente que no deja rastros de lo que hizo que se lo eligiera... Perramus, abandona a sus compañeros de lucha, indefensos y en inferioridad ante el enemigo. Elige olvidar; y mágicamente el olvido le es concedido. Pero sólo para ser puesto nuevamente a prueba, aunque no sepa quién fue. El tratamiento del tema era y es absolutamente borgiano en todas sus variantes y no es casual que el Maestro tuviera protagonismo en la historia. También hay mucho Oesterheld, mucho Conrad ahí: el hombre que puede o no estar a la altura de las circunstancias –lo que cree, lo que espera de sí mismo– en una situación límite. Y las consecuencias: la culpa y su expiación.
Volvamos al cachorro de escritor, el Sasturain que llega a la Capital.
Yo nací en Gonzales Chaves, provincia de Buenos Aires. Mi viejo era bancario. Cuando llega el golpe del 55, lo echan por peronista. Ahí empezamos a peregrinar por la provincia. Pasé una temporada muy linda en Mar del Plata... mi viejo administraba el hotel de un tío, y yo colaboraba. Ahí también aparecen las revistas de historietas. Después vivimos en lugares como Médanos, Rauch... Vine a la Capital a estudiar Letras.
¿Y qué letras te encontrás?
Si tengo que mencionar un deslumbramiento, al voleo, la literatura norteamericana... Y el segmento policial me ha acompañado desde entonces, como escritor, siempre cruzado por ese hotel de Mar del Plata, y por el murmullo de Rauch o Médanos.
¿Y por qué esa senda policial?
Más como escritor que como lector. Porque yo no leo policiales, así, en general. Leo autores.
Pero leíste todos los policiales.
Yo no leo policiales, Marcelo, yo leo autores...
Leíste todo Dashiell Hammet, te lo sabés de memoria.
Bueno, leo Hammet. Pero autores, no leo cualquiera.
Y Agatha Christie
No, no leo Agatha Christie.
¡¡¿No?!!
¡No, no! Conozco algunos, no he leído mucho, ni tampoco me interesa. Yo creo que esa literatura norteamericana fue una marca generacional.
Yo creo que es una marca personal, no generacional. Hablaste de tu padre, peronista que, después del golpe del 55, se niega a renegar del peronismo y pierde su laburo. También me hablaste de la búsqueda de absoluto, y de la culpa. Ahora bien, en el policial tenemos una épica y una ética. Marlowe vive en un tiempo en que se matan seres humanos de a miles, pero él busca al culpable de un asesinato. Sigue buscando a Caín por haber matado a Abel. En el medio esas tramas incomprensibles de Chandler, lo único que entendemos es que el detective quiere reconstituir el orden de la vida: matar al inocente está mal, y se debe hacer justicia.
Lo ético y lo épico juntos, sí. Eso es absolutamente así. Es decir, el descubrimiento de un género que es épico y en el cual la ética es determinante, eso es absolutamente cierto. Y es una marca, para mí, tanto al leer como al escribir.
En algún momento te fuiste de la Argentina...
Yo jamás pensé en irme de acá. Nunca. Nunca junté guita para irme, nunca pensé irme, nunca pensé en vivir en otro lado. Era como un desafío siempre estar acá.
Pero sin embargo te tomaste el buque en los 90. Me acuerdo que estábamos los tres, con De Santis, trabajando en el diario Sur, en una cosa que se llamaba La Yapa. Y te fuiste a España...
Yo no elegí solo mi viaje a España, ni mi permanencia allá. Fueron apenas tres años, siempre en Barcelona, que me encanta. Desde la asunción de Menem al verano del 92. Se dieron circunstancias que saludablemente me "empujaron": el despido de Fierro, una pareja nueva, una hermosa oferta de trabajo (que después no se concretó). Y España, en ese momento, me vino muy bien. Antes, hasta entonces –y tenía más de cuarenta años– jamás había pensado en irme a vivir afuera. Lo sentía como una borrada ideológica... Nunca me gustaron las quejas sobre "este país de mierda", los falsos exilios y otras agachadas. Pero una vez afuera, la lejanía me hizo muy bien. Primero, el indulto de Menem a los milicos y a la conducción de Montoneros me costó un cólico nefrítico y una revisión culposa de qué había votado –por estúpida "disciplina partidaria"– antes de irme. Y enseguida, esa política económica desastrosa... Así que me abrí en ese momento del peronismo con un texto, "Escrito sobre un cuerpo", que está en Carta al sargento Kirk y otros poemas de ocasión . Y en esos pocos años, con dificultades, arrancando de abajo, todo de nuevo, me hice una vida, me adapté a las nuevas condiciones, me la banqué incluso sin ocuparme de cómo iba Boca. Así que laburé un montón y de todo, tuve una hija, escribí tres lindas novelas... Y cuando me estaba consolidando, ya instalado y con papeles a la vista –otra vez por razones de algún modo "externas"– me volví sin decidirlo del todo yo solo. Había dejado a mis hijos mayores adolescentes en banda en Buenos Aires, tenía que hacerme cargo, necesitaba recuperarlos después de algunos desencuentros. Y al volver en el 92, todo fue distinto: yo era otro, y el país también.
Volvamos al presente. El título de tu última novela podría ser una frase de ese otro gran Etchenique, el hacedor de aforismos creado por Fontanarrosa...
El título de Pagaría por no verte , un verso maravilloso de Celedonio Flores, lo tenía desde mucho antes de escribir la novela. La cuestión era encontrar cómo justificarlo después, con algún incidente de la trama. Tenía eso, el título, y otra linda idea: "Los espías no tosen". Partí de ahí. El título me mandaba al pasado, la sensación de no querer volver a ver a alguien, por lo que revuelve... Y lo del espía y la tos me permitía imaginarlo a Etchenique en una situación de tensión entre dos lealtades: investigar a alguien (una mujer, seguro) pero al mismo tiempo, mientras espiaba, toser. No sabía si se le escapaba o si era a propósito... Hasta que supe que algo lo hacía darse a conocer, le impedía seguir investigando. ¿Qué le pasaba? ¿Una culpa vieja? Y como en todas las novelas anteriores de Etchenique –me doy cuenta ahora– siempre hay historias viejas, de padres e hijos, que desde el pasado vienen a aflorar, a reventar en el presente. Lo que pasa es que en este caso el involucrado es el propio veterano.
Elegí un libro, una película y una actriz.
Los Nueve cuentos , de J.D. Salinger; Lauren Bacall a los diecinueve, en Tener y no tene r, de Hawks, y El tercer hombre , de Carol Reed sobre el relato de Graham Greene, con Orson Welles.
¿Qué quiere Dios de nosotros?
Quiere que lo inventemos, que lo creamos (de creer y de crear) necesario.
Sasturain Básico
Gonzáles Chaves, 1945. Escritor y periodista
Ensayista, periodista, profesor de literatura, guionista, narrador y poeta, Sasturain colaboró profusamente con los diarios Clarín y La Opinión y trabajó en Humor y Superhumor. En 1981, con el dibujante Alberto Breccia, creó la historieta Perramus. Dirigió la revista de historietas Fierro entre 1984 y 1994. Volvió a dirigirla cuando se relanzó en 2006. Como narrador, ha publicado entre otras las novelas Manual de perdedores (I y II), Arena en los zapatos, Parecido S.A., Los dedos de Walt Disney, Los sentidos del agua, Brooklin & Medio y La lucha continúa y los relatos de Zenitram y La mujer ducha. Ha escrito dos libros de crónicas y reflexiones sobre fútbol y el libro de poesía Carta al sargento Kirk y otros poemas de ocasión". Conduce en TV el ciclo Ver para leer, que ganó un premio Clarín Espectáculos este año.
jueves, 4 de diciembre de 2008

Tras los pasos del policial negroJuan Sasturain y Ernesto Mallo participaron de la mesa de Cuatro Ficciones el pasado jueves, compartiendo con el público, ciertas intimidades de sus personajes de ficción. Sasturain precisó para Julio Argentino Etchenique, detective en Manuel de perdedores (1987) y Arena en los zapatos (1989), su aire de policía “piantado”, un personaje local que decide ya anciano, instalar su oficina de investigación en Buenos Aires, y así, aventurarse y ordenar a la vez, los desbarajustes de la ciudad. Mallo aprovechó la ocasión para hablar de Lascano, el comisario por el que procuró que el clima dictatorial de la época lo volviera verosímil. Más tarde “El perro” Lascano, quizás por estrechar la turbia mano del médico forense Fuseli, perderá su protagonismo en Me verás caer, novela a publicarse en marzo del año próximo, un anticipo del autor en el encuentro.Luego de una larga lista de destacados autores policiales, entre ellos Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Jim Thompson y también Ernest Hemingway, Sasturain reveló sus influencias y la forma en que prefiere hacer literatura: “yo escribo ficción desde la ficción, jamás investigué antes de escribir, ni me acerqué por ejemplo, a ver de qué se trataba una morgue”, aclaró, describiendo así los detalles y sensaciones capturadas de sus lecturas. Evocó asimismo, las historias de caballería como parte del campo del imaginario, un recurso para crear y dar vida a su personaje, Etchenique. Por su parte, Mallo mostró su interés por la investigación y la necesidad de nutrirse de sucesos reales en el momento de escribir.Antes de enredarse en otra extensa lista de obras y escritores, Sasturain confesó su cercanía a la edad de su detective, “los estoy por alcanzar”. Desde los años setenta en que inició la escritura de novelas policiales hasta ahora, “Etchenique no ha cambiado, pero yo sí”, reflexionó el autor de la nueva novela Pagaría por no verte (2008).A continuación, los invitados conversaron sobre el clima de lectura que gestó toda una generación de escritores argentinos, se refirió a las obras de William Faulkner y las de escritores del policial norteamericano, que centraron su amplia producción desde la década del treinta hasta la del cincuenta, cerrando el prontuario, con El largo adiós (1953) de Raymond Chandler. Aquella lectura voraz del policial fundó en los sesenta a una nueva camada de escritores nacionales. Temas como el poder político y económico, la violencia y el lenguaje de la calle contribuyeron a sus argumentos, en una ciudad llena de crímenes y corrupciones.Mallo agregó: “el gobierno acá nos arroja un material descomunal para escribir”, y memoró una serie de casos policiales como el de José Luis Cabezas, que en la mesa del jueves pasado, dedicada a la crónica periodística, fue uno de los centros de atención.Hubo espacio también para anécdotas personales. Mallo contó la anécdota de la premiación de La aguja en el pajar y la discusión que armó Andrés Rivera, jurado del premio Clarín en el año 2004, para que la novela mencionada obtuviera el primer puesto. Rivera, a pesar de todo, mantuvo su postura ante la disidencia del resto del jurado. Sasturain desató risas al público con la historia efímera del EPA (Escritores Policiales Asociados), a fines de los años ochenta, y que sólo constó con un logo y un único encuentro en el café porteño “La Academia”, en Callao entre Corrientes y Sarmiento. El encuentro fue la excusa para tomar una fotografía con los grandes escritores del género de ese momento, como José Pablo Feinmann, Ricardo Piglia, Osvaldo Soriano y Juan Martini.Hacia el final Juan Sasturain, habló del argumento de su nueva novela y reveló de dónde tomó prestado el título, Pagaría por no verte, de un tango de Celedonio Flores. El autor expuso su entusiasmo con su nuevo libro: “según dicen los amigos, es la mejor que me salió”. También, en compañía de Mallo, jugó a toparse con los “grandes tituleros de la literatura”, trayendo así, a la memoria, títulos impactantes de la literatura universal. Juan Carlos Onetti, Eduardo Mallea y Roberto Fontanarrosa entre otros, fueron los últimos nombres que se oyeron en el Centro Cultural Malvinas.El jueves 4 inicia el ciclo literario del mes de diciembre, dedicado a crónicas del rock, un prócer de la música nacional, Litto Nebbia, presentando su libro Una mirada. Reflexiones & anécdotas de vida.
lunes 17 de noviembre de 2008
Ciclo Cuatro Ficciones
Jueves literarios en el Malvinas. 19, 30 hs.Libros, charlas, debates, escritores.
Noviembre Negro(El género policial en la ficción y no-ficción)
Ciclo Cuatro Ficciones
Jueves literarios en el Malvinas. 19, 30 hs.Libros, charlas, debates, escritores.
Noviembre Negro(El género policial en la ficción y no-ficción)
Jueves 20. La novela con pólvora y política: Juan Sasturain y Ernesto Mallo.
Juan Sasturain: Nació en González Chaves en 1945. Escritor, periodista, guionista de historietas. Autor de las novelas "Manual de perdedores I y II" (1985/87), "Arena en los zapatos" (1988), "Los sentidos del agua" (1992), "La lucha continúa" (2002), "Los Galochas, esa gente exagerada" (2007); de los volúmenes de relatos "Zenitram" (1996) y "La mujer ducha" (2001). Ha publicado también libros sobre fútbol y reunió sus poemas en "Carta al Sargento Kirk y otros poemas de ocasión" (2005). Es editor del diario Página/12, dirige la revista Fierro y es conductor del programa "Ver Para Leer", que se emite los domingos por Telefé. Presenta en el ciclo Cuatro Ficciones su última novela: "Pagaría por no verte".
Ernesto Mallo: Nació en La Plata en 1948. Escritor, autor teatral, guionista de cine, conductor radial. Su primera novela "La Aguja en el Pajar" (Planeta, 2006) recibió la Primera Mención del Premio Clarín de Novela 2004 que fue votada para el primer premio por Andrés Rivera en disidencia con el resto del jurado y ganó el Premio Memorial Silverio Cañada 2007 que otorgado durante la celebración de la Semana Negra en Gijón, España. Su segunda novela "Delincuente argentino" (Planeta, 2006), fue finalista del Premio Dashiell Hammett 2008, también en Semana Negra. Acaba de finalizar la novela "Me verás caer" a publicarse en marzo de 2009 y trabaja en "Lo que Dios Manda" su siguiente proyecto novelístico.
Sofía Silva.
Publicada en Diagonales, 23/11/08
Publicada en Diagonales, 23/11/08
Fuente: www.milbotellas.blogspot.com/
miércoles, 15 de octubre de 2008
"Manual de perdedores"Juan Sasturain
(1985)
Pocas cosas más clásicas, para la literatura policial, que el folletín por entregas. Así, en episodios, se publicó por primera vez, en el diario La Voz, de Córdoba, la novela Manual de Perdedores. Sasturain la había escrito ocho años antes. Es una obra del género negro con todas las de la ley, pero “a la argentina”, ambientada en los días de la dictadura, de historia todavía fresca cuando fue publicada. Y en un país donde, se sabe, un personaje del tipo Philip Marlowe sería imposible.
Pocas cosas más clásicas, para la literatura policial, que el folletín por entregas. Así, en episodios, se publicó por primera vez, en el diario La Voz, de Córdoba, la novela Manual de Perdedores. Sasturain la había escrito ocho años antes. Es una obra del género negro con todas las de la ley, pero “a la argentina”, ambientada en los días de la dictadura, de historia todavía fresca cuando fue publicada. Y en un país donde, se sabe, un personaje del tipo Philip Marlowe sería imposible.
martes, 16 de septiembre de 2008
Biografia de Juan Sasturain

Juan Sasturain (Gonzales Chaves, BA, 1945) vive y trabaja en Buenos Aires. Es profesor de Literatura egresado de la UBA y trabajó en la docencia universitaria (UBA y UNR) durante los años setenta. Escribe ficciones, poesía y ensayos. Entre 1985 y 1988 publicó tres novelas policiales protagonizadas por el veterano detective Etchenike: Manual de perdedores I y II, -reunidas en un tomo por Ediciones B en Cosecha Roja y posteriormente en Sudamericana (2003)- y Arena en los zapatos. Pagaría por no verte, novela en la que regresa el detective, aparecerá a fines del 2007. A principios de los noventa vivió en Barcelona y de esa época son las novelas Parecido S.A. y Los dedos de Walt Disney (Anaya). Al regreso, la novela Los sentidos del agua (1992) apareció en Buenos Aires. Posteriormente reunió sus cuentos en Zenitram (1996) y La mujer ducha (Sudamericana, 2001). Sus últimas novelas son Brooklyn & Medio -para el público juvenil- y La lucha continúa (2002).Especializado en géneros y literaturas marginales -fue responsable de las revistas Superhum(R) y Fierro, entre otras- ha escrito ensayos sobre historieta y humor gráfico -El domicilio de la aventura (1995) y Buscados vivos (2003)- y sobre el mundo del fútbol: El día del arquero (1985), Wing de metegol (2004), La patria transpirada y los cuentos de Picado grueso (2006). Además, reunió sus poemas por primera vez en Carta al Sargento Kirk y otros poemas de ocasión (2005).Con el cuento "Con tinta sangre" ganó en 1990 el premio de la Semana Negra de Gijón. Sus novelas policiales se publican en la Serie Noire de Gallimard y la serie de historietas Perramus -saga de cuatro volúmenes con guión suyo dibujada por Alberto Breccia a lo largo de los ochenta, Premio Amnesty Internacional 1988- tiene versiones en una decena de países. El año pasado, De la Flor publicó por primera vez en castellano la entrega final de la serie: Perramus. Diente por diente.Periodista desde 1971, Sasturain es actualmente editor en el diario Página /12 de Buenos Aires, con el que acaba de comenzar la segunda época de la revista Fierro a partir de noviembre del 2006.
Fuente: Ver para leer
lunes, 11 de agosto de 2008
FESTIVAL de NOVELA POLICIAL de GIJÓN


Semana Negra, el festival de novela policial más importante de España, ha concluido nuevamente el año de la forma más deseada por todos: con miles y miles de ejemplares vendidos y un género, el policial y negro, nuevamente en la escena literaria.
Entre la playa y el mar, y rodeado de centenares de carpas vendedoras de sidra, chorizo criollo y relojes de segunda mano, tomó lugar el festival más destacado de novela policial y negra de toda España. Conocido como Semana Negra de Gijón, el acontecimiento literario-turístico se viene llevando a cabo desde 1987 en la ciudad de Asturias para alentar las ventas y la popularidad del género, generalmente encerrado en un círculo pequeño de lectores. El festival, que cuenta con numerosos autores de renombre (ver lista), atrae a miles de personas de toda España y Europa, siendo imprescindible para todo aquél que se considere amante del género negro y policial.
Este año, además de contar con sus tradicionales puestos de comida asturiana y libros a un euro, tuvo una clara presencia de escritores latinoamericanos. Juan Constaín, Fritz Glockner, Mariel Soria, Achy Obejas; todos ellos pusieron su acento latino a tramas que históricamente se vincularon al mundo anglosajón, pero que año tras año se vuelve más multicultural. Como bien dijo el argentino Juan Sasturain, `el género negro es un tipo de literatura que cuenta ya con una tradición muy grande en México y Argentina, de allí el alto número de autores sudamericanos.´
La violencia, la literatura y el Negro Absoluto
Uno de los elementos particulares del festival es su fuerte conexión con el público de a pie. Si bien el género requiere a veces de códigos más o menos internos, la tradición de la novela policíaca supo adaptarse, especialmente gracias a las nuevas generaciones de autores. Series de TV, Internet, videogames: todos ellos fueron cada vez más entrando en los textos que alguna vez se vincularon solo a detectives y policías corruptos.
Los debates acerca del género y su historia, las influencias de autores, la autobiografía o el cómic variaron y circularon casi constantemente, pero si hay que rescatar un tema que se repitió en casi cada una de las discusiones este es, definitivamente, la violencia. Ernesto Mallo, ganador del premio Dashiell Hammetten el anterior festival, resumió una de las posturas más claras: `La violencia sigue presente, está en todas partes…incluso más cerca de lo que nosotros pensamos. Ser cómplice de algo, por ejemplo, callando, es también violencia y colaboración.´
La inmigración ilegal, Silvio Berlusconi, el nazismo, las dictaduras: todos fueron puestos sobre la mesa para ser examinados a fondo bajo la mirada atenta de los autores. `Una de las mejores formas para no olvidar el fascismo´, dijo Paco Taibó II, autor y director del festival, `es contando historias acerca de ello, no solo por venganza personal del autor, sino porque hay que contarlo.´
Leonardo Oyola, que con su novela Chamamé ganó este año el premio Hammett, explicó al auditorio español cómo factores sociales de la sociedad argentina actual también ayudaron a la formación de su última novela, Santería, publicado en el país por Negro Absoluto. Transcurrida la historia en su mayor parte en los “barrios pesados” de Buenos Aires, el flamante ganador vinculó ficción y realidad casi sin poder separarlas una de otra, siendo los contextos de la ciudad sus musas inspiradoras. Los otros títulos de la editorial, explicados por Sasturain, también contaron con una notable influencia sociopolítica: La década infame, la corrupción de los 90, la vida en las villas miseria; todos ellos fueron elementos que, más que decorativos, han sido consustanciales a la articulación de los relatos.
Semana Negra pasó y dejó marca. Dio a conocer a autores inéditos; aumentó las ventas de textos, muchos de ellos desconocidos, a un público amplio y variado; analizó el género y lo vinculó al mundo actual; desentrañó, aunque sea a modo de intento, las obsesiones que más presentes están en los escritores de este siglo. Defendió posturas, criticó a gobiernos, analizó sociedades, revisó el concepto de Literatura. A diferencia de muchos otros festivales literarios recientes, fue contemporánea a su tiempo y mostró, aunque sea por unas semanas, que el arte, la ideología y el negocio pueden funcionar e ir de la mano.
Luchino Sívori Liszewski
Fuente:www.negroabsoluto.com.ar/
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