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domingo, 12 de diciembre de 2021

Podcast recomendados por Tinta Roja Policiales

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#Historiasdelcrimen





Hace tiempo no traemos sugerencias para recomendar, por eso, nos pareció un buen momento para dejarte apuntado dos podcast sobre casos policiales que paralizaron a toda una sociedad, contados por dos referentes del periodismo policial argentino, Paulo kablan y Ricardo Canaletti. 

Historias del crimen y Un asesino a mi lado, son dos podcast de producción nacional que cuenta los casos mas estremecedores acontecidos en nuetro país, narrados de forma breve y con la particularidad que identifica a cada periodista. 

Dignos de escuchar en la comodidad de tu espacio, ambos se pueden oír en la plataforma de spotify o por la siguiente web que dejamos adjunta debajo. 

Fmrockandpop.com (Historias del crimen)


martes, 1 de mayo de 2018

Autobiografía


Por Rodolfo Walsh

Me llaman Rodolfo Walsh. Cuando chico, ese nombre no terminaba de convencerme: pensaba que no me serviría, por ejemplo, para ser presidente de la República. Mucho después descubrí que podía pronunciarse como dos yambos aliterados, y eso me gustó.
Nací en Choele–Choel, que quiere decir “corazón de palo”. Me ha sido reprochado por varias mujeres.
Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios. El más espectacular: limpiador de ventanas; el más humillante: lavacopas; el más burgués: comerciante de antigüedades; el más secreto: criptógrafo en Cuba.
Mi padre era mayordomo de estancia, un transculturado al que los peones mestizos de Río Negro llamaban Huelche. Tuvo tercer grado, pero sabía bolear avestruces y dejar el molde en la cancha de bochas. Su coraje físico sigue pareciéndome casi mitológico. Hablaba con los caballos. Uno lo mató, en 1945, y otro nos dejó como única herencia. Este se llamaba “Mar Negro”, y marcaba dieciséis segundos en los trescientos: mucho caballo para ese campo. Pero ésta ya era zona de la desgracia, provincia de Buenos Aires.
Tengo una hermana monja y dos hijas laicas.
Mi madre vivió en medio de cosas que no amaba: el campo, la pobreza. En su implacable resistencia resultó más valerosa, y durable, que mi padre. El mayor disgusto que le causo, es no haber terminado mi profesorado en letras.
Mis primeros esfuerzos literarios fueron satíricos, cuartetas alusivas a maestros y celadores de sexto grado. Cuando a los diecisiete años dejé el Nacional y entré en una oficina, la inspiración seguía viva, pero había perfeccionado el método: ahora armaba sigilosos acrósticos.
La idea más perturbadora de mi adolescencia fue ese chiste idiota de Rilke: si usted piensa que puede vivir sin escribir, no debe escribir. Mi noviazgo con una muchacha que escribía incomparablemente mejor que yo me redujo a silencio durante cinco años. Mi primer libro fueron tres novelas cortas en el género policial, del que hoy abomino. Lo hice en un mes, sin pensar en la literatura aunque sí en la diversión y en el dinero. Me callé durante cuatro años más porque no me consideraba a la altura de nadie. Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior. Me fui a Cuba, asistí al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces épico, a veces fastidioso. Volví, completé un nuevo silencio de seis años. En 1964 decidí que en todos mis oficios terrestres, el violento oficio de escritor era el que más me convenía. Pero no veo en eso una determinación mística. En realidad, he sido traído y llevado por los tiempos; podría haber sido cualquier cosa, aun ahora hay momentos en que me siento disponible para cualquier aventura, para empezar de nuevo, como tantas veces.
En la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda; lustros en aprender a armar un cuento, a sentir la respiración de un texto; sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima; pienso que laliteratura es, entre otras cosas, un avance laborioso a través de la propia estupidez.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/subnotas/18-1674-2002-03-25.html

jueves, 25 de enero de 2018

Un western argentino


Por Javier Chiabrando

“Pampa del infierno”, de Miguel Molfino, son varias cosas en una: un western argentino puro por cruza con novela negra, un grano de arena aportado a la probable historia social del país con su inevitable choque entre inmigrantes y locales, y también un canto a la naturaleza, por muy hostil que sea. Y al fin, una contribución a la construcción mítica de nuestra historia no tan lejana. Algo así como los norteamericanos supieron hacer con sus cowboys, que no se diferenciarían demasiado de nuestros gauchos, pero a los que la ficción logró volverlos más fotogénicos, entre otros méritos no probados.
Dijimos western porque hay vaqueros que cumplen con las generales de la ley del género y luego de viajar muchas millas a caballo y de dormir a la intemperie con la montura como almohada, recalan en un lugar como bautizado para que esta historia suceda: Pampa del Infierno. Pero para eso deben pasar muchas cosas, debe haber sangre, duelos, venganzas, y muchas más millas cabalgadas, que sumadas dan las que se necesitan para llegar de Texas al Chaco.
El personaje principal es Ken Parker, un texano que un día abandona el rancho de su padre, como los cachorros abandonan el nido, y viaja hacia el sur, siguiendo imprecisamente la pista de Sundance Kid y de Butch Cassidy, por quiénes ofrecen una valiosa recompensa. Pero nada sucede como estaba previsto. Los pistoleros serían asesinados en Bolivia y Parker se asienta en el sur, se convierte en buscador de oro, se casa con una mapuche y vive en lo que tal vez fuera el rancho de Butch Cassidy. ¿Encontró su lugar en el mundo? No, porque de ser así no habría western. Entonces irrumpe la violencia. Parker, fiel a su condición de vaquero hecho según las reglas de la virilidad, se cobra venganza y no le queda otra que huir. Lo acompaña Kuyén, su mujer, embarazada, y su amigo McParland, ex hombre de la Pinkerton, como lo fue Dashiell Hammett, para terminar en el norte del Chaco, exactamente en Pampa del infierno.
Ahí comienza otra historia, la de esos hombres y mujeres que llegaron desde todos los puntos cardinales y ayudaron a construir eso que llamamos Argentina. En Pampa del infierno conviven indios, inmigrantes varios, desertores del ejército y misioneros. Conviven sin equilibrio alguno, sometidos a las reglas de la fuerza, las armas, la crueldad. La vida allí es tan dura como en el oeste de las películas, y vale igual de poco. Se puede morir por nada, por el calor, por una palabra dicha a destiempo o para satisfacer la crueldad de alguien. Bien lo dice Horacio Convertini en la contratapa: “…es, además de una aventura atrapante, una mirada sobre el método brutal con el que se hizo el país…”
Fue Mempo Giardinelli en su ensayo sobre la novela negra quien describió la relación entre los géneros negro y western. Allí mencionó “el ambiente salvaje, inhóspito, que se repite en la lucha callejera, en la ferocidad de la selva citadina moderna”, de la novela negra. También marcó los hitos de ambos géneros: personajes solitarios que sólo confían en sí mismo, el ambiente salvaje, los interludios amorosos.
Y quién mejor para encarar este cruce de géneros (aunque en este caso prevalezca el western) que Molfino, nombre relevante del mundo de la novela negra, que ya se había aproximado al espíritu del far west en sus cuentos, pero que además es un hombre que vive donde sucede la historia. Ya lo declaró en un reportaje a Página 12: “Mi casa está al lado del río, y más allá está el Paraná. Es un paisaje con el que puedo hacer un western, porque además es una población extraña y muy heterogénea la del interior del Chaco…”. Y hasta se da el lujo de ponernos frente a una gran escena de sitio cuando el rancho de Parker es atacado, una escena de esas que vimos tantas veces en películas, donde un grupo de hombres se defiende de un enemigo sin cara, sin saber cuántos son, qué armas tienen: “Lecko –un wichí corpulento y de cabellera gris– compartía con Ken Parker el gran ojo de buey que se hallaba en una especie de primer piso, debajo de la ventana que ocupaba Collins. Era una posición estratégica porque desde allí se veía todo el terreno”, escribe Molfino.
Dijimos antes que esta novela era también un canto a la naturaleza. Esa relación con la naturaleza se percibe desde las primeras líneas: “En la tarde baja y rojiza las nubes destellan una luz ferrosa, oxidando el aire húmedo que llega del río”. Aquí la naturaleza es el manto donde se cobijan los hombres, que a la vez deben derrotarla para sobrevivir. “En ese horizonte, la noche todavía era un manto violeta. Era casi táctil la sensación de infinito en la sabana anochecida”, escribe Molfino. Esa naturaleza hostil, tan presente en sus otras novelas, concretamente en la excelente “Monstruos perfectos”, es acá todavía una barrera entre los hombres y una forma de la felicidad que aún no se percibe con claridad pero que hay que conquistar como sea.
Y por último, aunque las buenas novelas nunca se terminan del todo, está esa vuelta de tuerca, esa viveza criolla, que significa tomar a personajes más propios de la gauchesca y volverlos parte de una historia de “comboys”, sin que desentonen, haciendo de ellos un breve mito que seguramente se encadenará con otras novelas, películas, historias orales, según cada lector. “En plena carrera desenfunda el Winchester que trae a un costado de la montura. Los árboles pasan veloces, baja y trepa montículos de piedra, el viento frío le azota la cara, dientes apretados, pierde el sombrero en el camino…”, dice Molfino, como si narrara las aventuras de El virginiano. “Pampa del infierno”, editada por Revolver es una novela inusual dentro de panorama de la literatura argentina. Desenfunde y vea por usted mismo.

Fuente: (Publicado en el suplemento literario de Télam.)




domingo, 10 de septiembre de 2017

Córdoba Mata 2017



IV Encuentro Internacional de Novela Negra y Policial
CÓRDOBA MATA
“Los libros y las armas”
11, 12, 13 y 14 de septiembre de 2017


Ya comienza la IV edición del Encuentro Internacional de Literatura Negra “Córdoba Mata”
Será entre el 11 y el 14 de septiembre. Más de treinta invitados integran la grilla de esta edición. Habrá mesas de diálogo, proyecciones, encuentros de escritores y se revelará el ganador del Premio Internacional de Novela Negra 2017. Las actividades son libres y gratuitas, en el marco de la Feria del Libro.
Bajo el lema “Los libros y las armas”, la IV edición del Encuentro Internacional CÓRDOBA MATA reunirá a importantes referentes de la literatura negra y de proyectos editoriales locales, nacionales e internacionales. El evento tendrá lugar los días 11, 12, 13 y 14 de septiembre en el marco de la Feria del Libro de Córdoba.
La edición 2017 contará con la presencia de Marcelo Figueras (Argentina), Gian Luca Campagna (Italia), Bernardo Fernández (México), Rita Segato (Argentina), David Knutson (EEUU), Leonardo Oyola (Argentina), Marcelo Luján (Argentina/España), María Inés Krimer (Argentina), Juan Colil Abricot (Chile), Liliana Escliar (Argentina), Alfredo Noriega (Ecuador), entre muchos otros.
La actividad de apertura de este año será el lunes 11 de septiembre a las 17, con la presencia de Guillermo Orsi y Lucio Ludicello. Mientras que a las 17.30 Marcelo Figueras, Guillermo Orsi y Fernando Lopez se encontrarán en la mesa “Rodolfo Walsh, escritor y personaje de novelas policiales”. Ese mismo día a las 19 será el turno de Dante Leguizamón junto a David Knutson quienes abordarán los orígenes de la no ficción en “Walsh vs Capote / Capote vs Walsh”.
La programación incluye espacios sobre género, colonialidad, raza, zombis, vampiros, héroes populares, pornografía y censura, cárceles y cine negro, entre muchos otros tópicos (ver programa 2017).
El ciclo incluye además una serie de actividades en la sub-sede de San Francisco, más un encuentro en Cura Brochero y Mina Clavero donde los escritores del género compartirán lecturas, experiencias y procesos de trabajo.
Además, en el marco del CÓRDOBA MATA el día jueves 14 de septiembre a las 20 se revelará el nombre del ganador del Premio Internacional de Novela Negra que ya reconoció a los autores Pablo Yoiris (2015) y Juan Colil Abricot (2016).
EL ENCUENTRO
CÓRDOBA MATA es un festival internacional organizado de manera independiente desde 2014 en la ciudad de Córdoba. Se desarrolla en el marco de la Feria del Libro y se ha expandido a diversos centros culturales de las localidades de Río Cuarto, San Francisco y Villa Cura Brochero. Las tres ediciones anteriores sumaron más de 130 invitados, de alcance nacional e internacional.
Los organizadores del encuentro, en su edición 2017, son: Fernando López, Gastón Tremsal, Ana Cremona, Lucía Feuillet, Lucio Yudicello, Leandro Calle y Guillermo Bawden.








jueves, 17 de diciembre de 2015

Malaventuranzas

Por Guillermo Anderson

La novela negra "Malaventuranzas" de Ezequiel Dellutri tercera de la saga de los investigadores Jeremías Jeremías y Simón León.El contexto es en la localidad de San Miguel en la actualidad
Una trama en la que se mezclan religión/antireligión con el death metal Noruego en el conurbano bonaerense.
Comienza con un incendio de una iglesia y continua con una serie episodios, aunque sea trágica la historia, mantiene un tono de humor negro y ácido.
Esta vez  se suma a la dupla investigadora un cura con raíces irlandesas mientras que el  posible culpable reconoce los métodos de los investigadores y comienza un juego dentro de un laberinto en el que hay que encontrar el ovillo para poder resolver los enigmas.
Notas de degustación: Se recomienda leer a oscuras con poca luz, con auriculares escuchando música nordica o el disco “giros” de Fito Paez

domingo, 14 de diciembre de 2014

Todo queda en familia


Por Guillermo Anderson 

La novela  negra" Todo queda en familia" de Ezequiel Dellutri, su contexto es la localidad de San Miguel, una serie de asesinatos, muchos enigmas y sospechosos.

La sagacidad y oscuridad del investigador Jeremías Jeremías alias Gillete quien junto con el periodista de revista de sociales a su vez escritor en busca de una novela policial, buscaran resolver esta serie de episodios que arrancan en una plaza cubierta de nieve y con tres cadáveres.
Dellutri trabaja todo el tiempo en dos planos donde cuenta una historia y subyace otra historia en lo subterráneo, aquí  un fragmento de la novela en voz de uno de los personajes: “Los autores de policiales muchas veces juegan a dos puntas: generan una historia paralela para mantener  atrapado al lector. Cuando te enganchaste con la primera, te dejan con la duda y pasan a la segunda. Cuando van a lograr un avance importante, de nuevo vuelven a la primera”
Es un policial negro bien del conurbano y el inspector Gillette un personaje enigmático  busca llegar a la verdad por más de lo que diga la justicia, diferenciándose de la estructura burocrática policial, en un ámbito donde las fronteras entre el bien y el mal se erosionan.
El detective a su vez cuenta con la colaboración gratuita de un periodista amateur que en su torpe búsqueda de un tema para su libro se enreda en situaciones inesperadas y en las que obtiene información de primera mano por su curiosidad.
El título hace referencia al entrelazado conflictivo familiar y como esa serie de asesinatos tiene un patrón común.
La lectura es dinámica, el lector se sumerge en esas historias y se vuelve testigo siguiendo las huellas de los investigadores.

Notas de degustación: Se aconseja leer sentado en un cómodo sillón escuchando de fondo preferentemente un jazz instrumental o un buen blues.


martes, 18 de noviembre de 2014

Error de Cálculo Por Gastón Intelisano


Una familia aparece asesinada en su propia casa. Hay puñaladas, hay disparos, hay cuerpos carbonizados. La intimidad de un hogar se ha vuelto pública: se ha transformado en una escena del crimen, en el espacio en el que los especialistas que comanda Santiago Soler buscarán huellas, rastros, indicios que permitan configurar quién llevó a cabo el asesinato y cómo lo hizo.
El crimen, sin embargo, no parece simple de resolver: las víctimas no tenían enemigos aparentes, sino, por el contrario, una reputación intachable, el respeto y la consideración de sus allegados. Además, comienzan a sucederse una serie de secuestros relacionados con el caso, lo que hace que la resolución se vuelva urgente, imperiosa, necesaria: los secuestradores se regodean enviando videos snuff en los que se ve con claridad cómo matan a las mujeres que tienen cautivas.

En medio de esta vertiginosa sucesión de acontecimientos, Santiago Soler deberá unir la meticulosidad y la calma de la ciencia forense con la acción de quien no tiene tiempo de medir consecuencias. El análisis de rastros y las autopsias con las persecuciones y los disparos.
El otro extremo de la piel se llevó hacia atrás, como cuando se da vuelta una media, y entonces apareció el cráneo de un blanco amarillento. Luego, encendieron la sierra eléctrica circular, que emitió un sonido mezcla de torno y taladro. Cuando los dientes de la máquina tocaron el hueso craneal, una nube de polvo blanco flotó en el aire de la sala.
Gastón Intelisano, a través Santiago Soler, personaje y álter ego, con la minuciosidad y precisión de las descripciones, con la inquietante acción a cada página, ha inaugurado un nuevo territorio a explorar en el policial argentino: el cuerpo.

Fuente:http://gintelisano.wix.com/gaston-intelisano

martes, 7 de octubre de 2014

Ciclo de lecturas de relatos policiales


Después del éxito del Primer Encuentro Internacional de novela negra "Córdoba Mata" que se realizó en la última Feria del Libro, los invitamos a participar de esta propuesta conjunta con la Editorial y Librería Punto de Encuentro - Córdoba,

Un jueves por mes compartiremos lecturas con autores locales y presentaremos títulos de la Colección Código Negro editada por Punto de Encuentro.

Los esperamos en nuestra librería de Independencia 620 para la primera fecha: Jueves 16 de octubre a las 19.30 hs.


martes, 23 de septiembre de 2014

Córdoba Mata 2014



Por Fernando López

“La novela negro-criminal viene pisando fuerte por el mundo entero. Haciendo ruido, a paso firme. Y por cierto también por los campos fértiles de la República Argentina, con la conciencia de que es el género más adecuado para meterse hasta el hueso en la realidad de una sociedad que transita su etapa de consumismo descarnado y brutal. A pesar de que tenemos un Estado que protege a los excluidos, abunda la corrupción: en la burocracia administrativa, en las provincias, en la justicia, en la policía, y aunque esto no sirva de consuelo, en muchos países del mundo -salvo honrosas excepciones- podemos encontrar corrupción. Sean o no capitalistas en su estadio actual del hiperconsumismo: la hubo en la Rusia soviética, con los burócratas del zar y toda su lacra camuflados en el torrente avasallador de la revolución que no fue; en los países del África explotada por las potencias imperiales y en el resto del mundo, como una marca que no es un defecto a resolver sino una cualidad del Estado moderno, en todos los sistemas políticos conocidos. Para resolver ese y otros temas atinentes, lo único que les queda a esos gobiernos es asumir la responsabilidad de cambiar las reglas de juego, o sea, modificar las leyes y la visión política de la justicia para evitar la impunidad. Mientras tanto, la novela negra y policial, o criminal, como gusta llamarse a sí misma, no deja de arrojar luz sobre las zonas sombrías de su historia.
      Otro tanto ocurre con la terrible xenofobia de las clases media y alta argentinas, que condenan a la exclusión a los diferentes: los gordos, los feos, los gays y lesbianas, los pobres, los pueblos originarios y los inmigrantes. En la Córdoba de la Nueva Andalucía donde vivo, conviven la universidad más antigua de América con familias poderosas que se enriquecieron con el tráfico de esclavos durante la colonia, con el enorme peso de la curia católica y la poderosa música popular de los cuartetos. En los últimos tiempos ocurrieron hechos notables de desprecio en barrios de ricos contra jóvenes de piel morena que tuvieron la mala suerte de transitar en motocicletas por esas calles, y se salvaron, circunstancialmente, de morir linchados. La crueldad que la democracia ayuda a controlar se desató a la primera oportunidad en que se relajaron los frenos inhibitorios. Los hechos que menciono ocurrieron en el mes de diciembre 2013, durante una asonada policial que dejó a la ciudad de Córdoba librada no solo al saqueo, sino a los peores instintos humanos. Tenemos una policía cuyos mandos superiores están inficionados por el narcotráfico a una escala nunca vista. Tenemos fiscales y jueces que no investigan las muertes sospechosas de falsos suicidas, y ensucian las pruebas que deben preservarse para los gabinetes técnicos. Esa misma clase pudiente angurrienta de tierras no trepida en echar las topadoras contra los ranchos de los habitantes originarios que se resisten a vender o simplemente a mudarse a otro sitio. Y tenemos una caterva numerosa de delincuentes de guante blanco, que cómodamente sentados detrás de sus ordenadores, sin arriesgar el cuerpo como los ladrones que salen a asaltar con sus armas, producen enormes desfalcos bancarios en perjuicio de toda la sociedad. En estos días se reveló que solo en Suiza, sin mencionar los paraísos fiscales, hay más de tres mil cuentas de argentinos que se llevaron sus ganancias ilegítimas fuera del país”.
      Todo ese caldo de cultivo propicia una presencia creciente de la novela negra y policial en los estantes de las librerías argentinas. Esas fueron razones poderosas para impulsar e instalar en esta provincia el Primer Encuentro Internacional de literatura negra y policial llamado Córdoba Mata, que contó con la participación de destacados escritores y críticos de nuestro país y de Uruguay, Chile, España, Colombia, Francia e Irlanda. El objetivo fue promover un polo cultural inter-disciplinario que nos identifique como una de las capitales mundiales del género policial. Muchas ciudades en el mundo se identifican y sobresalen como promotoras de actividades culturales que promueven su conocimiento y su identidad. Son famosas las ciudades de Gijón, Barcelona, Valencia, París, Toulousse, Medellín, Buenos Aires, Mar del Plata, entre muchas otras, como sedes de festivales y encuentros anuales de literatura policial. Francia y México se conocen como sedes de varios encuentros y festivales anuales de esta especialidad. Córdoba tiene, además de sus bellezas naturales, una varias veces centenaria tradición cultural que sobresale por sus Universidades, sus teatros, sus museos, artistas plásticos, músicos, escritores y muchos otros animadores culturales. Estamos convencidos de que la instalación de esta actividad en forma periódica permitirá que Córdoba sea identificada como sede de un encuentro que promueve la discusión y difusión de uno de los géneros más populares y celebrados en el mundo. 
      Por cierto que no fue fácil convencer a nadie, como suele ocurrir con los primeros eventos que luego se instalan en el imaginario popular. Finalmente, para realizar este cometido contamos -además de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad que organizó la tradicional Feria del Libro- con los apoyos institucionales de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba, el diario La Voz del Interior, el Centro Cultural España-Córdoba, el proyecto internacional Anilla Cultural que es un servicio de tele-conferencias, la Oficina Cultural de la Embajada de España, el Ministerio de Educación y Cultura de Montevideo y el Ministerio de Comunicación Pública y Desarrollo Estratégico del Gobierno de la Provincia de Córdoba. 


Tuvimos el inmenso honor de contar con la presencia de tres generaciones de escritores argentinos: Mempo Giardinelli, Guillermo Orsi, Raúl Argemí, Juan Sasturain, Jorge Felippa, Lucio Yudicello, Daniel Teobaldi, Enrique Aurora, Javier Chiabrando, Horacio Convertini, Esteban Llamosas, Rogelio Demarchi. Y entre los más jóvenes Martín Doria, Ezequiel Dellutri, Juan Carrá, Alejandro Soifer, Kike Ferrari y Gastón Intelisano, unos pocos, entre los numerosos cultores del género que vienen ocupando su lugar. Y también algunas mujeres (Alicia Plante, Mercedes Giuffré, María Inés Krimer y la uruguaya Mercedes Rosende) que aportaron la frescura de una visión diferente al universo criminal. Bartolomé Leal nos trajo noticias de lo que se escribe en Chile y Rodolfo Santullo y Pedro Peña de la novela policial uruguaya. Gustavo Forero Quintero desde Medellín y Néstor Ponce desde Rennes, Francia, estuvieron presentes gracias al servicio de tele-conferencias Anilla Cultural: Forero hablando de los 250.000 desaparecidos en Colombia y su novela sobre el tema, Ponce de los desaparecidos argentinos y su obra. Desde Canarias nos visitó Alexis Ravelo, ganador serial de premios literarios (como Orsi y Convertini) y la voz crítica la asumieron la irlandesa Kate Quinn, Mirian Pino de la UNC y Fabián Mossello de la UNVM. Los tres días en Córdoba fueron extraordinarios: todas las actividades a sala llena y con gente de pie. Después nos fuimos a Mina Clavero, en Traslasierra, a tres horas de viaje por un camino de belleza hipnótica donde expusimos ante lectores locales, y el domingo 14 de setiembre nos despedimos de los autores que pudieron quedarse el fin de semana, con un riquísimo cordero cocinado en horno de barro en las cabañas Altos del algarrobo en Cura Brochero. Dijo el canario Alexis Ravelo en su blog (y lo cito porque resume lo que dijeron TODOS los invitados): “¿El resumen? Una aventura del cariño, pero también de cosas más importantes (si las hay), esa conciencia de que uno no está solo, de que allá donde vaya, en cualquier rincón del mundo, hay personas con quienes comparte intereses, preocupaciones, lecturas y pasiones, de que ahí, en lo más oculto de cada persona, late un hermano o una hermana que no conocías aún y que, al final, acabas encontrándote gracias a almas generosas como nuestro cappo en Córdoba, Fernando López, que se dejan el sueño, el apetito y hasta la salud para lograr que existan cosas tan increíbles como Córdoba Mata, demostrando que la literatura y el pensamiento están vivos y corren libres por entre la ciudadanía, la sociedad civil, ese río que fluye con caudal variable, pero incesante”.
      Este revival del género se debe quizás a que lentamente Argentina ha visto nacer varios encuentros, festivales o foros de discusión y difusión del género negro y policial: el primero fue el Festival Azabache de Mar del Plata en 2011; luego el BAN! (Buenos Aires Negra), el CÓRDOBA MATA en setiembre 2014 y el cuarto en orden de aparición La Chicago argentina de Rosario, en el mes de octubre que se avecina. Estos eventos tienen la particularidad de convocar a públicos muy variados y entusiastas de todas las edades, ávidos de conocer los libros y acercarse a los autores, tomarse fotos, conversar con ellos y salir renovados en el conocimiento de una materia que a todos resulta apasionante. Numerosas cátedras universitarias cobijan a estudiantes que preparan sus tesis sobre novela negra. Se multiplican las colecciones que continúan por la senda abierta por Borges y Bioy con El séptimo círculo y El sol negro de editorial Sudamericana en los años 90, dirigida por Ricardo Piglia (Serie policial de Ediciones del Copista, de comienzos del 2000; Tinta roja de la Eduvim; Código negro de Editorial Punto de Encuentro; Negro absoluto de ediciones Aquilina; Laura Palmer no ha muerto de Gárgola; Extremo negro de la editorial del Nuevo Extremo) y varias más, entre las que quedaron en el camino y las que van apareciendo periódicamente, como las flores en el desierto después de una lluvia.
      Esta primavera negra hace pensar a algunos “entendidos” que puede tratarse de un fenómeno estacional que durará lo que dure el entusiasmo, pero la realidad, esa “realidad” que día a día se complica con la instalación permanente del narcotráfico, la corrupción, el ataque apenas solapado de las corporaciones económicas contra el gobierno democrático de las clases populares, la descarnada obstinación de los llamados “fondos buitres” en dinamitar la economía del país y la guerra de zapa instrumentada a través de los medios de comunicación, nos hacen pensar en lo contrario. Dícese del género negro que produce en el lector la ilusión de restablecer el orden quebrado por las acciones criminales. Al mismo tiempo que entretiene, legítimamente, con sus tramas diseñadas con maestría, ayuda a descubrir en el tejido social las lacras, las perversiones y bajezas propias del humano. E iguala, con su justicia literaria, a todas las clases sociales frente al olfato reparador de los lectores. 
      Hay una gran variedad de estilos y temáticas en el universo creativo del género negro y policial. Novelas de detectives masculinos y femeninos, policiales duros, enigmas históricos, novela negra-negra, parodias de género, tramas con buenas dosis de humor y sexo, escritas con la voz del asesino, de los excluidos, de los testigos, de las víctimas, tal como ocurre en otras partes del mundo. La primera novela de enigma argentina (y latinoamericana) apareció en 1877, escrita con el seudónimo Raúl Waleis por el jurista Luis V. Varela, titulada La huella del crimen y recientemente re-editada por la editorial Adriana Hidalgo. Y desde entonces, el relato negro, en forma de novela o de cuento, se ha mantenido vigente en la Argentina y parece gozar de muy buena salud a juzgar por la enorme camada de jóvenes que viene empujando para ocupar su lugar, con recursos renovados y una batería de audacias de indiscutible valor literario.



Fernando López

Autor de tres libros de cuentos y varias novelas, entre ellas la saga Philip Lecoq, detective, episodios I, II y III (2012/13); Un corazón en la planta del pie (2011, finalista en el concurso Novelas de Película organizado por el Festival Buenos Aires Negra, BAN! 2014); El mejor enemigo, premio Colima, México (4ta. edic. 2010);  Bilis negra (2005);  Odisea del cangrejo, finalista premio Planeta Argentina (1ª. edic. 2005, 2ª. 2014); Áspero cielo (2007) y El enigma del ángel, (1998). Obtuvo el premio Casa de las Américas (Cuba) con su novela Arde aún sobre los años.



lunes, 8 de septiembre de 2014

La loca y el relato del crimen





Por Ricardo Piglia 
     
 I 
      Gordo, difuso, melancólico, el traje de filafil verde nilo flotándole en el cuerpo, Almada salió ensayando un aire de secreta euforia para tratar de borrar su abatimiento. 
      Las calles se aquietaban ya; oscuras y lustrosas bajaban con un suave declive y lo hacían avanzar plácidamente, sosteniendo el ala del sombrero cuando el viento del río le tocaba la cara. En ese momento las coperas entraban en el primer turno. A cualquier hora hay hombres buscando una mujer, andan por la ciudad bajo el sol pálido, cruzan furtivamente hacia los dancings que en el atardecer dejan caer sobre la ciudad una música dulce. Almada se sentía perdido, lleno de miedo y de desprecio. Con el desaliento regresaba el recuerdo de Larry: el cuerpo distante de la mujer, blando sobre la banqueta de cuero, las rodillas abiertas, el pelo rojo contra las lámparas celestes del New Deal. Verla de lejos, a pleno día, la piel gastada, las ojeras, vacilando contra la luz malva que bajaba del cielo: altiva, borracha, indiferente, como si él fuera una planta o un bicho. "Poder humillarla una vez", pensó. "Quebrarla en dos para hacerla gemir y entregarse". 
      En la esquina, el local del New Deal era una mancha ocre, corroída, más pervertida aún bajo la neblina de las seis de la tarde. Parado enfrente, retacón, ensimismado, Almada encendió un cigarrillo y levantó la cara como buscando en el aire el perfume maligno de Larry. Se sentía fuerte ahora, capaz de todo, capaz de entrar al cabaret y sacarla de un brazo y cachetearla hasta que obedeciera. "Años que quiero levantar vuelo", pensó de pronto. "Ponerme por mi cuenta en Panamá, Quito, Ecuador". En un costado, tendida en un zaguán, vio el bulto sucio de una mujer que dormía envuelta en trapos. Almada la empujó con un pie. 
      -Che, vos -dijo. 
      La mujer se sentó tanteando el aire y levantó la cara como enceguecida. 
      -¿Cómo te llamás? -dijo él. 
      -¿Quién? 
      -Vos. ¿O no me oís? 
      -Echevarne Angélica Inés -dijo ella, rígida-. Echevarne Angélica Inés, que me dicen Anahí. 
      -¿Y qué hacés acá? 
      -Nada -dijo ella-. ¿Me das plata? 
      -Ahá, ¿querés plata? 
      -La mujer se apretaba contra el cuerpo un viejo sobretodo de varón que la envolvía como una túnica. 
      -Bueno -dijo él-. Si te arrodillás y me besás los pies te doy mil pesos. 
      -¿Eh? 
      -¿Ves? Mirá -dijo Almada agitando el billete entre sus deditos mochos-. Te arrodillás y te lo doy. 
      -Yo soy ella, soy Anahí. La pecadora, la gitana. 
      -¿Escuchaste? -dijo Almada-. ¿O estás borracha? 
      -La macarena, ay macarena, llena de tules -cantó la mujer y empezó a arrodillarse contra los trapos que le cubrían la piel hasta hundir su cara entre las piernas de Almada. Él la miró desde lo alto, majestuoso, un brillo húmedo en sus ojitos de gato. 
      -Ahí tenés. Yo soy Almada -dijo, y le alcanzó el billete-. Comprate perfume. 
      -La pecadora. Reina y madre -dijo ella-. No hubo nunca en todo este país un hombre más hermoso que Juan Bautista Bairoletto, el jinete. 
      Por el tragaluz del dancing se oía sonar un piano débilmente, indeciso. Almada cerró las manos en los bolsillos y enfiló hacia la música, hacia los cortinados color sangre de la entrada. 
      -La macarena, ay macarena -cantaba la loca-. Llena de tules y sedas, la macarena, ay, llena de tules -cantó la loca. 
      Antúnez entró en el pasillo amarillento de la pensión de Viamonte y Reconquista, sosegado, manso ya, agradecido a esa sutil combinación de los hechos de la vida que él llamaba su destino. Hacía una semana que vivía con Larry. Antes se encontraban cada vez que él se demoraba en el New Deal sin elegir o querer admitir que iba por ella; después, en la cama, los dos se usaban con frialdad y eficacia, lentos, perversamente. Antúnez se despertaba pasado el mediodía y bajaba a la calle, olvidado ya del resplandor agrio de la luz en las persianas entornadas. Hasta que al fin una mañana, sin nada que lo hiciera prever, ella se paró desnuda en medio del cuarto y como si hablara sola le pidió que no se fuera. Antúnez se largó a reír: "¿Para qué?", dijo. "¿Quedarme?", dijo él, un hombre pesado, envejecido. "¿Para qué?", le había dicho, pero ya estaba decidido, porque en ese momento empezaba a ser consciente de su inexorable decadencia, de los signos de ese fracaso que él había elegido llamar su destino. Entonces se dejó estar en esa pieza, sin nada que hacer salvo asomarse al balconcito de fierro para mirar la bajada de Viamonte y verla venir, lerda, envuelta en la neblina del amanecer. Se acostumbró al modo que tenía ella de entrar trayendo el cansancio de los hombres que le habían pagado copas y arrimarse, como encandilada, para dejar la plata sobre la mesa de luz. Se acostumbró también al pacto, a la secreta y querida decisión de no hablar del dinero, como si los dos supieran que la mujer pagaba de esa forma el modo que tenía él de protegerla de los miedos que de golpe le daban de morirse o de volverse loca. 
      "Nos queda poco de juego, a ella y a mí", pensó llegando al recodo del pasillo, y en ese momento, antes de abrir la puerta de la pieza supo que la mujer se le había ido y que todo empezaba a perderse. Lo que no pudo imaginar fue que del otro lado encontraría la desdicha y la lástima, los signos de la muerte en los cajones abiertos y los muebles vacíos, en los frascos, perfumes y polvos de Larry tirados por el suelo: la despedida o el adiós escrito con rouge en el espejo del ropero, como un anuncio que hubiera querido dejarle la mujer antes de irse. 
      Vino él vino Almada vino a llevarme sabe todo lo nuestro vino al cabaret y es como un bicho una basura oh dios mío ándate por favor te lo pido salvate vos Juan vino a buscarme esta tarde es una rata olvídame te lo pido olvídame como si nunca hubiera estado en tu vida yo Larry por lo que más quieras no me busques porque él te va a matar. 
      Antúnez leyó las letras temblorosas, dibujadas como una red en su cara reflejada en la luna del espejo. 
       
      II 
      A Emilio Renzi le interesaba la lingüística pero se ganaba la vida haciendo bibliográficas en el diario El Mundo: haber pasado cinco años en la facultad especializándose en la fonología de Trubetzkoi y terminar escribiendo reseñas de media página sobre el desolado panorama literario nacional era sin duda la causa de su melancolía, de ese aspecto concentrado y un poco metafísico que lo acercaba a los personajes de Roberto Arlt. 
      El tipo que hacía policiales estaba enfermo la tarde en que la noticia del asesinato de Larry llegó al diario. El viejo Luna decidió mandar a Renzi a cubrir la información porque pensó que obligarlo a mezclarse en esa historia de putas baratas y cafishios le iba a hacer bien. Habían encontrado a la mujer cosida a puñaladas a la vuelta del New Deal; el único testigo del crimen era una pordiosera medio loca que decía llamarse Angélica Echevarne. Cuando la encontraron acunaba el cadáver como si fuera una muñeca y repetía una historia incomprensible. La policía detuvo esa misma mañana a Juan Antúnez, el tipo que vivía con la copera, y el asunto parecía resuelto. 
      -Trata de ver si podés inventar algo que sirva -le dijo el viejo Luna-. Andate hasta el Departamento que a las seis dejan entrar al periodismo. 
      En el Departamento de Policía Renzi encontró a un solo periodista, un tal Rinaldi, que hacía crímenes en el diario La Prensa. El tipo era alto y tenía la piel esponjosa, como si recién hubiera salido del agua. Los hicieron pasar a una salita pintada de celeste que parecía un cine: cuatro lámparas alumbraban con una luz violenta una especie de escenario de madera. Por allí sacaron a un hombre altivo que se tapaba la cara con las manos esposadas: enseguida el lugar se llenó de fotógrafos que le tomaron instantáneas desde todos los ángulos. El tipo parecía flotar en una niebla y cuando bajó las manos miró a Renzi con ojos suaves. 
      -Yo no he sido -dijo-. Ha sido el gordo Almada, pero a ese lo protegen de arriba. 
      Incómodo, Renzi sintió que el hombre le hablaba sólo a él y le exigía ayuda. 
      -Seguro fue este -dijo Rinaldi cuando se lo llevaron-. Soy capaz de olfatear un criminal a cien metros: todos tienen la misma cara de gato meado, todos dicen que no fueron y hablan como si estuvieran soñando. 
      -Me pareció que decía la verdad. 
      -Siempre parecen decir la verdad. Ahí está la loca. La vieja entró mirando la luz y se movió por la tarima con un leve balanceo, como si caminara atada. En cuanto empezó a oírla, Renzi encendió su grabador. 
      -Yo he visto todo he visto como si me viera el cuerpo todo por dentro los ganglios las entrañas el corazón que pertenece que perteneció y va a pertenecer a Juan Bautista Bairoletto el jinete por ese hombre le estoy diciendo váyase de aquí enemigo mala entraña o no ve que quiere sacarme la piel a lonjas y hacer visos encajes ropa de tul trenzando el pelo de la Anahí gitana la macarena, ay macarena una arrastrada sos no tenés alma y el brillo en esa mano un pedernal tomo ácido te juro si te acercas tomo ácido pecadora loca de envidia porque estoy limpia yo de todo mal soy una santa Echevarne Angélica Inés que me dicen Anahí tenía razón Hitler cuando dijo hay que matar a todos los entrerrianos soy bruja y soy gitana y soy la reina que teje un tul hay que tapar el brillo de esa mano un pedernal, el brillo que la hizo morir por qué te sacás el antifaz mascarita que me vio o no me vio y le habló de ese dinero Madre María Madre María en el zaguán Anahí fue gitana y fue reina y fue amiga de Evita Perón y dónde está el purgatorio si no estuviera en Lanús donde llevaron a la virgen con careta en esa máquina con un moño de tul para taparle la cara que la he tenido blanca por la inocencia. 
      -Parece una parodia de Macbeth -susurró, erudito, Rinaldi-. Se acuerda, ¿no? El cuento contado por un loco que nada significa. 
      -Por un idiota, no por un loco -rectificó Renzi-. Por un idiota. ¿Y quién le dijo que no significa nada? 
      La mujer seguía hablando de cara a la luz. 
      -Por qué me dicen traidora sabe por qué le voy a decir porque a mí me amaba el hombre más hermoso en esta tierra Juan Bautista Bairoletto jinete de poncho inflado en el aire es un globo un globo gordo que nota bajo la luz amarilla no te acerqués si te acercás te digo no me toqués con la espada porque en la luz es donde yo he visto todo he visto como si me viera el cuerpo todo por dentro los ganglios las entrañas el corazón que perteneció que pertenece y que va a pertenecer. 
      -Vuelve a empezar -dijo Rinaldi. 
      -Tal vez está tratando de hacerse entender. 
      -¿Quién? ¿Esa? Pero no ve lo rayada que está -dijo mientras se levantaba de la butaca-. ¿Viene? 
      -No. Me quedo. 
      -Oiga, viejo. ¿No se dio cuenta que repite siempre lo mismo desde que la encontraron? 
      -Por eso -dijo Renzi controlando la cinta del grabador-. Por eso quiero escuchar: porque repite siempre lo mismo. 
      Tres horas más tarde Emilio Renzi desplegaba sobre el sorprendido escritorio del viejo Luna una transcripción literal del monólogo de la loca, subrayado con lápices de distintos colores y cruzado de marcas y de números. 
      -Tengo la prueba de que Antúnez no mató a la mujer. Fue otro, un tipo que él nombró, un tal Almada, el gordo Almada. 
      -¿Qué me contás? -dijo Luna, sarcástico-. Así que Antúnez dice que fue Almada y vos le creés. 
      -No. Es la loca que lo dice; la loca que hace diez horas repite siempre lo mismo sin decir nada. Pero precisamente porque repite lo mismo se la puede entender. Hay una serie de reglas en lingüística, un código que se usa para analizar el lenguaje psicótico. 
      -Decime, pibe -dijo Luna lentamente-. ¿Me estás cargando? 
      -Espere, déjeme hablar un minuto. En un delirio el loco repite, o mejor, está obligado a repetir ciertas estructuras verbales que son fijas, como un molde, ¿se da cuenta?, un molde que va llenando con palabras. Para analizar esa estructura hay treinta y seis categorías verbales que se llaman operadores lógicos. Son como un mapa, usted los pone sobre lo que dicen y se da cuenta que el delirio está ordenado, que repite esas fórmulas. Lo que no entra en ese orden, lo que no se puede clasificar, lo que sobra, el desperdicio, es lo nuevo: es lo que el loco trata de decir a pesar de la compulsión repetitiva. Yo analicé con ese método el delirio de esa mujer. Si usted mira va a ver que ella repite una cantidad de fórmulas, pero hay una serie de frases, de palabras que no se pueden clasificar, que quedan fuera de esa estructura. Yo hice eso y separé esas palabras y ¿qué quedó? -dijo Renzi levantando la cara para mirar al viejo Luna-. ¿Sabe qué queda? Esta frase: El hombre gordo la esperaba en el zaguán y no me vio y le habló de dinero y brilló esa mano que la hizo morir. ¿Se da cuenta? -remató Renzi, triunfal-. El asesino es el gordo Almada. 
      El viejo Luna lo miró impresionado y se inclinó sobre el papel. 
      -¿Ve? -insistió Renzi-. Fíjese que ella va diciendo esas palabras, las subrayadas en rojo, las va diciendo entre los agujeros que se pueden hacer en medio de lo que está obligada a repetir, la historia de Bairoletto, la virgen y todo el delirio. Si se fija en las diferentes versiones va a ver que las únicas palabras que cambian de lugar son esas con las que ella trata de contar lo que vio. 
      -Che, pero qué bárbaro. ¿Eso lo aprendiste en la facultad? 
      -No me joda. 
      -No te jodo, en serio te digo. ¿Y ahora qué vas a hacer con todos estos papeles? ¿La tesis? 
      -¿Cómo qué voy a hacer? Lo vamos a publicar en el diario. 
      El viejo Luna sonrió como si le doliera algo. 
      -Tranquilizate, pibe. ¿O te pensás que este diario se dedica a la lingüística? 
      -Hay que publicarlo, ¿no se da cuenta? Así lo pueden usar los abogados de Antúnez. ¿No ve que ese tipo es inocente? 
      -Oíme, el tipo ese está cocinado, no tiene abogados, es un cafishio, la mató porque a la larga siempre terminan así las locas esas. Me parece fenómeno el jueguito de palabras, pero paramos acá. Hacé una nota de cincuenta líneas contando que a la mina la mataron a puñaladas. 
      -Escuche, señor Luna -lo cortó Renzi-. Ese tipo se va a pasar lo que le queda de vida metido en cana. 
      -Ya sé. Pero yo hace treinta años que estoy metido en este negocio y sé una cosa: no hay que buscarse problemas con la policía. Si ellos te dicen que lo mató la Virgen María, vos escribís que lo mató la Virgen María. 
      -Está bien -dijo Renzi juntando los papeles-. En ese caso voy a mandarle los papeles al juez. 
      -Decime, ¿vos te querés arruinar la vida? ¿Una loca de testigo para salvar a un cafishio? ¿Por qué te querés mezclar? -en la cara le brillaban un dulce sosiego, una calma que nunca le había visto-. Mira, tomate el día franco, andá al cine, hacé lo que quieras, pero no armés lío. Si te enredás con la policía te echo del diario. 
      Renzi se sentó frente a la máquina y puso un papel en blanco. Iba a redactar su renuncia; iba a escribir una carta al juez. Por las ventanas, las luces de la ciudad parecían grietas en la oscuridad. Prendió un cigarrillo y estuvo quieto, pensando en Almada, en Larry, oyendo a la loca que hablaba de Bairoletto. Después bajo la cara y se largó a escribir casi sin pensar, como si alguien le dictara: 
      Gordo, difuso, melancólico, el traje de filafil verde nilo flotándole en el cuerpo -empezó a escribir Renzi-, Almada salió ensayando un aire de secreta euforia para tratar de borrar su abatimiento. 

jueves, 31 de julio de 2014

BAN!2014



                                                                 Afiche del BAN 2014

                                                               Escenario del BAN 2014

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sábado, 19 de abril de 2014

Código Negro: luces, imágenes y personajes de una noche negra

Después de mucho tiempo de remar con viento en contra, finalmente el 16 de abril presentamos los primeros seis títulos de la colección. Fue una fiesta y se la dedicamos a Juan Damonte, que -esté donde esté- seguramente brindó con nosotros.

Código Negro - Presentación 1

De izquierda a derecha. Kike Ferrari, Vicente Battista, Guillermo Orsi, Claudio Rissi y Raúl Argemí. Cinco talentos, cuatro escritores, tres épocas, un actor. Un gran público y una fraternidad sin fronteras.

“AYER RECIBÍ CARTA POR EL CORREO NEGRO TEMPRANO…”

2.Código Negro - Carta Paco 2


La narradora y actriz uruguaya Silvia Blechler lee el mensaje enviado por Montse Calvé y Paco Camarasa, de la librería Negra y Criminal de Barcelona. A la izquierda de la rodilla de Kike está Severino, el “bebé de las rosas rojas”.



Mensaje negro de Montse y Paco – Desde La Barceloneta, el único barrio de Barcelona que mira al mar, al horizonte, al infinito, y le da la espalda a la Barcelona del diseño, de lo fashion, los coach, los bancos, los turistas y los maridajes (ahora a “follar”, “joder” o “hacer el amor” le llaman hacer “maridaje de cuerpo”)…

Desde La Barceloneta popular que, como sabe Raúl Argemí, fue donde nació el tango… queremos desearle larga vida a la colección Código Negro. En tiempos sombríos y oscuros necesitamos libros claros (por negros) y luminosos (porque iluminan lo que está en la sombra) como los que ustedes nos proponen desde el inicio: Argemí, Damonte, Diez, Laurini, Lunar y el añorado Tizziani (¡Qué tiempos aquellos en que Siglo XXI publicaba buenas novelas y nos llegaban a España!)…

Desde La Barceloneta les queremos hacer llegar nuestra envidia por no estar ahí, con ustedes…

Desde La Barceloneta, aquí en este lado del Mediterráneo del vino, el aceite y la vida en la calle, entre bombas, vermut con sifón y calamares, prometemos hacer todo lo posible, algo de lo imposible, y bastante de lo inimaginable para que Código Negro contacte con los lectores y nos haga mejores lectores…

Desde La Barceloneta gritamos “¡Venceremos!” Me temo que aún no sabemos a quién, ni cuándo, ni dónde, ni sobre todo cómo, pero es seguro que… ¡Venceremos!

Me permito robarle un verso a Celaya, para proclamar que “la novela negrocriminal es un arma cargada de futuro”, y para proclamar aún más alto y claro: Código Negro es un arma cargada de futuro.

Desde la Barceloneta, el colectivo de la Librería Negra y Criminal, es decir, la librera y el librero, es decir Montse y Paco.

“EL PADRINO” NEGRO

4.Código Negro - Rissi 4

Negro entre los negros - Claudio Rissi, invitado de honor y El Padrino del encuentro, fue al grano al autopresentarse: en la ficción “he sido comisario, he sido malandra, corrupto y ladrón… Soy negro y tengo cara de hijo de puta. Así que como negro no podía faltar al Gato Negro para presentar a Código Negro”.

RÁPIDOS, FURIOSOS Y NEGROS

5.Código Negro - Presentación 2


Discusión negra - Finalizada la presentación, se generó un pequeño debate entre Battista y Argemí acerca de los orígenes de la novela policial. ¿Fue Edgar Allan Poe el pionero? ¿Qué papel jugaron Dashiel Hammett y Raymond Chandler? ¿Y cuándo irrumpieron los autores latinoamericanos en la escena? Hubo que interceder para evitar que comenzaran a volar vasos, botellas y sillas. Para colmo, una ruidosa marcha de motoqueros vestidos de negro se sumó a la discusión desde la calle.


Código Negro - Killian

Leonardo Killian, autor de La sombra del General (al centro, vestido de negro como corresponde), exhibe en su rostro los resultados de su intento de mediación. Lo acompañan su esposa Susi y su amigo Claudio, abogado y ex oficial de la Policía Federal, quien le suministró los primeros auxilios.

6.Código Negro - Público 6

Los amigos que fueron a la presentación . Al fondo, fondo, fondo, de pie y flaco, está Alejandro, el vendedor de libros.



8.Código Negro - Libros 8

A la izquierda, las piernitas y el bracito de Severino. No se pierde presentación y acostumbra a llevarse todos los libros que encuentra, que después reparte en el jardín de infantes.

7.Código Negro - Rissi & Bechler 7

Negro él y blanca ella, artistas de las dos orillas.

El malandra y la doncella

ALGUNAS REPERCUSIONES EN LA PRENSA INTERNACIONAL



Increíble: lo mejor de David Goodis y Jim Thompson en clave argentina y acento porteño. Francis Ford Coppola interesado en guiones de Argemí, Battista, Ferrari y Orsi, además de firmar contrato con Claudio Rissi.



Se presentó la colección Código Noire en Buenos Aires – Gallimard coloca sus ojos en Argentina, a la caza de autores. En París, Juan Moreno Herrera Jiménez, más conocido como Jean Reno, sufrió un infarto.


“Argies” dicen que la tradicional novela británica está en decadencia – Y crean un nuevo personaje: Tony Rivero, detective que investiga casos de corrupción en The Falklands – El Foreign Office presentará una nota de protesta.



Marine Le Pen y eurodiputados de izquierda coinciden: la Unión Europea debe invertir en el sector editorial del Cono Sur.


La Cámara de Comercio Digital de Tokio anunció la creación de chips para leer novelas “negras” en los teléfonos celulares durante los viajes en subte, colectivo y metrobus de Buenos Aires.


Una delegación china de 200 hombres de negocios visitará Argentina: ofrecen chips para leer novelas “negras” en los celulares, mucho más baratos que los japoneses – La presidenta CFK hará el anuncio por cadena nacional desde Tecnópolis – Actuará el grupo heavy metal The Beijing’s Red Boys.

viernes, 11 de abril de 2014

Presentación de Código Negro





Editorial Punto de Encuentro anuncia el lanzamiento de Código Negro, su colección dedicada al género policial y criminal, el miércoles 16, a las 19 hs, en el café El Gato Negro, Corrientes 1669, primer piso.
Participarán de la presentación los escritores Raúl Argemí, Vicente Battista, Kike Ferrari, Rubén Tizziani y Guillermo Orsi.

Lugar: El Gato Negro.

Corrientes 1669.
Día: Miércoles 16 de abril.
Hora: Siete de la noche.
Para mayor información: Blog de Código Negro

domingo, 23 de marzo de 2014

El duro oficio de editar



Una nueva colección de novela negra ya está entre nosotros. Su nombre es Código Negro y reúne a más de treinta autores de toda Latinoamérica. Se propone editar doce títulos en su primer año. Los primeros cuatro libros aparecieron en noviembre para recuperar títulos y autores olvidados y también para poner en las librerías a escritores que nunca habíamos leído en Argentina. Historias de crímenes, violencia social y dinero.


Por Juan Mattio

Lorenzo Lunar escribe la historia de un policía cubano que investiga un asesinato en un barrio marginal de Santa Clara en Que en vez de infierno encuentres gloria. Raúl Argemí, el secuestro extorsivo de un empresario por una banda de delincuentes en la mejor tradición de Los 7 locos en El Gordo, el Francés y el Ratón Pérez. Juan Damonte, la historia de un cocainómano que busca a su primo -militante revolucionario- durante la última dictadura en Chau, Papá. Rubén Tizziani la caza de 60 millones de pesos que persigue una jauría, delincuentes y policías por igual, en Noches sin lunas ni soles.

El punto en común entre estas cuatro historias es que cuentan, a través de un crimen, una trama social. Y eso las convierte en novelas negras y criminales. También coinciden en que todas fueron editadas en la nueva colección de la editorial Punto de Encuentro que dirigen Rolo Diez y Roberto Bardini.

Rolo Diez
Rolo Diez

Bardini es argentino pero vivió muchos años en México. Sólo hace falta verlo para intuir que es un lector voraz. Fue periodista y corresponsal de guerra. En una de sus últimas visitas al DF se encontró con Rolo Diez -escritor argentino exiliado durante la última dictadura primero en Brasil y después en España para terminar en México, autor de más de veinte novelas- y le contó su idea sobre una colección de autores latinoamericanos de género policial. Entre los dos, en una semana, contando con un mail y un teléfono, lograron reunir veintidós autores -a los que luego se sumaron más, de unos diez países- que dieron el sí y les enviaron más de cuarenta novelas como archivos adjuntos para ser publicadas.

Eso permite pensar en decenas y decenas de libros escritos por autores latinoamericanos que se reúnen alrededor de un mismo género. Títulos que estaban agotados, olvidados, inhallables. Otros más nuevos, de autores jóvenes, que se editaron afuera -premiados y reconocidos- pero que no se conseguían en Argentina. Se trata de una apuesta con precios accesibles y distribución en librerías y kioscos de diarios. Esa es la propuesta de esta nueva colección

Código Negro se propone editar doce títulos durante el 2014. Sus autores son argentinos, colombianos, ecuatorianos, uruguayos, mexicanos, chilenos, cubanos y españoles. Bardini afirma que “el género policial siempre tuvo aceptación entre los lectores en Argentina y en los últimos años veníamos viendo un resurgimiento en su producción con nuevos autores y nuevos títulos pero, al mismo tiempo, un gran vacío editorial”.

Los antecesores de Código Negro

7°

7°Código Negro no es la primera colección del género policial en Argentina. De hecho se podría hablar de una serie que se inicia con El Séptimo Círculo, de la editorial Emecé. En 1945 apareció el primer título de esta colección que dirigían Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. El modelo de novela estaba más ligado al relato de enigma que al hard boiled norteamericano. Es probable que Ricardo Piglia tenga razón cuando afirma que Borges preparó a los lectores para la recepción de sus propios relatos, más cerca de Chesterton que de Hammett.

jose-giovanniPara llegar al crimen en su dimensión social hubo que esperar hasta 1969, cuando aparece la colección Serie Negra de la editorial Tiempo Contemporáneo. Dirigida por Piglia, la colección permitió conocer en excelentes traducciones (las de Rodolfo Walsh, entre ellas) a los padres fundadores del género en Estados Unidos: Raymond Chandler, Dashiell Hammett, David Goodis, Jim Thompson…

Esa difusión permitió la escritura y publicación de una serie de autores argentinos de los años 70. Escritores como Rubén Tizziani, Sergio Sinay, Osvaldo Soriano, José Pablo Feinmann, Juan Carlos Martini y el mismo Ricardo Piglia encontraron un público lector que ya estaba entrenado en las novelas de Hammett o Chandler. Ese es el nacimiento del género negro en nuestro país. Bardini explica que “al mismo tiempo surge una generación de escritores en otras partes de Latinoamérica que se vuelcan a la novela negra. No solamente policial. También de espionaje y de aventura política. Todas ellas dentro de los límites del género pero con la impronta de la realidad latinoamericana”.

La reunión con autores españoles de la misma generación se logró en la Semana Negra de Gijón, el festival del género más grande de Hispanoamérica. Su director, el escritor Ignacio Paco Taibo II -nació en España y creció en México- funcionó como puente constante entre los autores españoles -Vázquez Montalbán, Juan Madrid o Andreu Martín- y los autores latinoamericanos. Parece natural, entonces, que muchos de los autores que se publicarán en Código Negro hayan sido premiados en el festival, es el caso de Argemí, Damonte, Lunar, Kike Ferrari, Myriam Laurini, Guillermo Orsi…

jose-giovanni

¿Qué cuenta una novela negra?

Cuando la preguntaron a Taibo II por qué escribía novelas policiales, el autor mexicano respondió: “En la novela negra encontré un mundo que me permitía narrar los conflictos sociales a través de una historia policial. Eso fue lo que me atrajo: estar en contacto con la problemática social y expresarlo a través de la literatura”.

Una novela negra no es la historia de una rubia de piernas hermosas que llega a la oficina de un detective privado porque quiere encontrar a su marido. O no es sólo eso. En primer lugar las novelas del género colaboran con la formación política del lector, cuentan historias que es necesario leer en relación al sistema social en el que vivimos. Y, por otro, postulan una ética. Como la novela de aventuras del siglo XIX (pensemos en Sandokán, en Los tres mosqueteros, en El conde de Montecristo) las novelas negras proponen una ética que permite a sus protagonistas enfrentarse a la corrupción de las tramas sociales.

Kike Ferrari

Kike Ferrari

¿Y qué cuentan? La historia de un crimen. Y no hay delito -por más insignificante que sea- que no implique una cadena económica y social. Las historias de este género permiten desnudar las tramas políticas de nuestras sociedades. Uno de los autores de la colección, Kike Ferrari, afirma que es necesario “considerar a la novela negra como el gran género del capitalismo tardío, dónde se habla de dinero todo el tiempo. Pero sobre todo del crimen. Los españoles tienen claridad sobre esto, no le llaman Literatura Policial sino Literatura Negra y Criminal”. Hablando con Bardini sobre la matriz de las novelas que se propone editar nos dice “en ellas siempre hay un trasfondo social, político. Pero no es explícito. Es más bien soterrado. Por eso la lectura de diez novelas negras pueden ayudarte a comprender la realidad en el mismo sentido que los hace El Estado y la Revolución de Lenin”.

Los autores

Por un lado el crimen como espejo social y por otro la realidad latinoamericana. En ese cruce de caminos se inscriben las próximas novelas de Código Negro. La prostitución a la que son sometidas las mujeres en el DF mexicano por una red de trata (Qué raro que me llame Guadalupe, Myriam Laurini), la muerte de un empresario de Mercedez Benz por el Ejército Revolucionario del Pueblo (Vladimir Illich contra los uniformados, Rolo Diez), un empresario acosado por los fantasmas de sus asesinados (Que de lejos parecen moscas, Kike Ferrari), un médico legista que indaga a la ciudad de Quito desde sus muertos (De que nada se sabe, Alfredo Noriega).

Son historias que reconocemos. Son las astillas de las noticias que leemos en la sección “policial” de los diarios. Pero en la novela negra están reconstruidas desde la literatura. Y eso permite que Latinoamérica, su violencia, sus crímenes, su impunidad, sean diseccionados por los autores de la nueva colección del género negro en Argentina.

Fuente:http://elbardorobertini.com/2014/03/22/el-duro-oficio-de-editar/