jueves, 30 de enero de 2014

Ceremonia

Por Mercedes Rosende

Se rehúsa a salir del sueño a abandonar la laxitud de la cama a dejar la bruma tibia se niega pero el sonido insiste persiste el ruido machaca cerebro barullo taladra cráneo perfora córtex explota mierda no tiene más remedio que abrir los ojos carajo furiosa los abre escucha fuerte el taconeo penetrante golpeteo estridente persistente los tacos de la mujer del 4o B justo justo arriba de su cabeza.
No hay opción, tendrá que matarla.
La mujer del 4o B sale del edificio en Avenida de Mayo, Leonilda la ve venir y se pone los lentes oscuros, abandona las sombras, camina detrás del tapado rojo que taconea sobre el pavimento. Pasa entre personas apuradas sin perderla de vista, toca la pistola, reconoce la forma familiar.
La gente se vuelve multitud, llega a Plaza de Mayo.
El gentío espera el discurso con que se abrirá la ceremonia, se aprieta en torno al estrado bajo un pálido sol de octubre. Leonilda intenta adelantar un paso sin perder de vista la espalda roja. La muchedumbre converge al festejo, marea sometida a fuerza centrípeta.
Los parlantes escupen ruidos.
(uno, dos, tres, probando)
Leonilda avanza con los codos, con las caderas empuja, queda detrás del saco rojo. Sonríe: en un mundo de multitudes, dar muerte a un solo ser humano tiene algo de artesanal.
(empiezan los acordes de la marcha)
Tiene la mano enguantada en el bolsillo, tiene la pistola con silenciador aferrada, tiene el dedo en el gatillo y un impulso de apretarlo difícil de controlar.
Agitan banderas, gritan consignas.
(estribillo de la marcha)
Mira alrededor, la mano izquierda entreabre su abrigo, asoma el caño, mantiene el equilibrio. Calcula, se demora, mira el tapado rojo.
Apunta.
(explota el final de la marcha, petardos: apoteosis)
El disparo estalla seco, como envuelto en un trapo, se pierde entre los gritos, la muchedumbre se comprime, el cuerpo de la mujer tarda en caer.
La turba vocifera. Una voz ordena:
Atrás, atrás. Alguien se desmayó.
Unos gritan, otros sacan sus teléfonos y llaman a la policía o a la ambulancia o a sus números gratis.
Leonilda recula, se aleja, camina Avenida de Mayo hasta el Palacio Vera. Se detiene a la entrada, saca la llave, mira al portero y a su vecina de al lado, la del 3o A.
La mujer desvía la vista.
Leonilda sube al ascensor, los oye hablar pero no los escucha.
Estuvo la policía.
¿Otra vez? ¿Por el tipo del 3o C?
Es que no aparece.
Qué raro.
Y Leonilda, ¿no estaba en cura de sueño?
Sí, duerme todo el día. Luis, ¿me ayuda a colgar los cuadros?
El ascensor y Leonilda se pierden en la barriga del edificio.
Llega, se acuesta. Duerme.
Se rehúsa a salir del sueño a abandonar la laxitud de la cama la bruma tibia se niega pero el sonido insiste persiste el ruido machaca cerebro barullo taladra cráneo perfora córtex y explota mierda no tiene más remedio que abrir los ojos furiosa los abre escucha fuerte el martillo penetrante golpeteo estridente de la vecina del 3o A justo justo al lado de su cabeza.
No hay opción, tendrá que matarla. 

La escritora uruguaya Mercedes Rosende, como ganadora del concurso "Se me hace cuento Buenos Aires", organizado por BAN! - Buenos Aires Negra, asistirá a la Semana Negra de Gijón. 

2 comentarios:

Martín Galli dijo...

Está buenísimo. Un círculo perfecto.

Adolfo Alberto Fuentes Zambrano dijo...

Todo ha terminado y todo esta por comenzar. Sola duerme.